8 julio, 2016
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Liliana Herrero: «No me olvido más haber cantado en la villa»

Podría idealizar que el tiempo está después, sintiendo que una larga noche la espera para mermar el estrés, debido a su acelerada vida cotidiana. Podría estremecerse, Liliana, junto a ese carnavalito del duende que no se compra ni se vende. Podría jugar a la nostalgiosa en algún sauzal, suspirando zambas donde el barrio huele a temporal. Y podría haberse hecho la pilla, buscando cualquier excusa para no venir a la villa. Podría, sí. Pero no fue opción: Herrero es puro corazón. 

Extracto de la entrevista con Liliana Herrero publicada en la edición de junio de La Garganta Poderosa:

El centro cultural de La Poderosa en Villa Fátima, Soldati, la espera con sus brazos y sus corazones abiertos, para escucharla hablar y cantar unos temas, con los pibes del taller de música popular. La esperamos los vecinos, ansiosos, por su folclore, por su predisposición y por la potencia de su voz.

 

De infancia “muy hermosa” en ese pueblito entrerriano de Villaguay, Liliana Herrero dejó al descubierto sus sentimientos de aquellos años en los que ya entonaba “poesía y música”, cuando vimos de entrada a sus ojos destilar lágrimas. Nació en 1948, en pleno auge del primer peronismo, período que parió en su familia múltiples discusiones religiosas, artísticas, sociales y políticas. “Mi padre era del radicalismo y mi madre seguía un poco las orientaciones políticas de él. Sin embargo, sus tres hijos siempre estuvimos orientados al peronismo. A mí, estas cosas me estimularon para estar muy alerta, y tener una sensibilidad artística y social muy alta”.

 

– Vos siempre te consideraste una peronista combativa y militante en acción, ¿cómo fue ese peronismo de los 70?­­­­­
-El peronismo en los 70 era una memoria histórica fundamental para nosotros, un combate, una resistencia. Esa época era el ejemplo histórico y político del cual nosotros nos tomamos para pensar cómo resistir frente a las dictaduras blandas. Estudiábamos, estábamos informados, leíamos a Rodolfo Walsh, a Marx, a Trotsky, a Lenin, a Mao Tsé Tung, a Fidel Castro, la revolución en Panamá, la revolución en Bolivia. Todas esas experiencias latinoamericanas y mundiales eran alimentos fundamentales para pensar la liberación. Sin embargo, el actual Gobierno en muchos aspectos me recuerda a la Revolución Libertadora del 55, porque es nefasto y lo peor que le pudo pasar en estos últimos tiempos a la Argentina.
– ¿Qué te asusta del gobierno macrista?
– Aunque sea legal su mandato, actúa como si estuviera en una dictadura pero con algunas diferencias. Te piden el documento en la calle, hay portación de rostro, color de piel y sumada a esa deleznable expresión de Lopérfido cuando quiere poner las desapariciones de los treinta mil compañeros en términos numéricos. Así le haya ocurrido a uno solo, es inaceptable lo que dijo, porque uno somos todos. Muchos artistas ya lo hemos declarado persona no grata en cualquier concierto y obra de teatro. Echaron a miles de personas por ser militantes. ¿Qué mierda importa si eran o no militantes?. Si yo acepto que un militante debe ser despedido es porque entiendo que un militante no trabaja. No acepté esto cuando tenía 17 años, no lo voy aceptar ahora.

 

Antes de ser cantante, Liliana dejó su tierra natal a los 18 años y se instaló en Rosario, donde estudió Filosofía. Y a finales de los sesenta su vida cambiaría rotundamente: el destino la pondría frente a Fito Páez, quien le propuso dejar la docencia para meterse de lleno en la música. Así, en 1987 grabó su primer disco como solista, que produjo Fito.
A pasos agigantados, Liliana hacía del escenario una fiesta popular cada vez que cantaba. Y ahí estaba la otra gloria, Mercedes Sosa, mirándola desde muy cerca, encaminándola para que haga de la música su propia bandera, encontrando a su sucesora cuando la “Negra del pueblo” partiera hacia la eternidad.
 “Quiero una patria justa, sin represión, ni despidos, ni presos políticos”, exclamó Liliana ante su público en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2016, pero su mensaje no traspasó la pantalla chica. ¿Por qué? Porque la censuraron. “Fue un descuido grande de la TV Pública. Me acuerdo que lo dije para referirme a Milagro Sala. Y eso fue lo que no se transmitió. Lo dije entre el penúltimo y el último tema, y así lo filmó entero el canal 10 de Córdoba, que es el canal de la universidad provincial». 

 

-Vos siempre hablás de conciencia colectiva… Pasaron varias dictaduras y gobiernos democráticos pero las villas están sin urbanizar hace más de 50 años. ¿Qué te genera?
-Mucha rabia. Me parece que nosotros como tejido social no hemos vislumbrado esa problemática, y ahora nos estamos dando cuenta. Pero también aparece un fenómeno repudiable que es la globalización, el fenómeno más alto que el capitalismo encontró para funcionar. Por eso aparecen las cuentas off shore, los Panama Papers y los miles de paraísos fiscales en el mundo.
-¿Tenés algún sueño sin cumplir?
-Todos. Si me permiten déjenme decir la palabra justicia, pero no llorando ni ante una cámara de televisión, sino entre nosotros. Gritemos por la justicia social, comunitaria, colectiva. Búsqueda es otra palabra que me encanta. También les diría que hay una palabra que me sobrepasa; se llama amistad. Para mí el kirchnerismo intentó una política de la amistad como no había visto en otros gobiernos democráticos desde el 83 en adelante.

En nuestro Centro Cultural uno de los pibes del taller de música popular le propuso a Liliana conocer el barrio, los pasillos sin construir y los asfaltos faltantes. “Yo vine para conocer su lugar de vida, este barrio que representa lo popular. Me siento agradecida por este momento inolvidable”, y los ojos se empaparon nuevamente. Su niñez había vuelto en un abrir y cerrar de ojos, en ese andar cansino por Soldati. 

Con guitarras y mate en manos, los guitarreros de Villa Fátima junto a Liliana se sentaron en el piso de un pasillo, a pocos metros del potrero, para entonar las mejores canciones en una voz colectiva. Así, pasamos segundos, minutos, horas, que buscaremos que permanezcan en nuestras retinas, y en la de ella también: “Esta experiencia de haber venido y cantado, no me la olvido más, siempre la mantendré viva”.

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