30 marzo, 2018
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Luche, ¡hasta que escuchen!

Por Martin Alaniz, docente de la Escuela Secundaria Nº 14.

 

Hace tres años que niñas, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y personal docente y auxiliar de las Escuelas Primaria Nº 25 Paula Albarracín, Secundaria Nº 14 y de Adultos Nº 711 ubicadas en el Barrio San José de Tigre convivimos en un mismo edificio colapsado y que no cumple con las mínimas condiciones para una cursada digna.

 

Esta situación comenzó en 2014 cuando la Escuela Secundaria fue tirada abajo con la promesa de construcción de un nuevo edificio que albergaría también a la primaria y a los adultos. Luego de estar paralizada y convertirse en un nido de ratas (afectando a nuestro barrio y al edificio donde hoy seguimos desarrollando las actividades), la obra fue retomada en 2016 gracias al corte realizado en Avenida Larralde y Acceso Norte. La promesa de que la obra estuviera lista en un año venció en Julio de 2017 y en diciembre comenzó a paralizarse hasta la semana pasada que la empresa constructora se retiró dejando el edificio por la mitad. Para denunciar el abandono de la obra, el martes 20 de marzo hicimos una marcha de antorchas con la que conseguimos una reunión con funcionarios de la Dirección de Infraestructura. Pero nunca llegaron. Ante esto, resolvimos cortar las clases este pasado lunes 26 y llamar a una acción en Larralde y Acceso Norte.

 

Mientras esperamos alguna respuesta, los casi 700 alumnos que tenemos cursan en las peores condiciones imaginables. Las aulas están divididas entre sí por paredes improvisadas de durlock lo cual hace imposible dar correctamente clase. En ellas no hay ventiladores ni calefacción, sí sobran filtraciones de agua que provocan que se inunde el colegio cada vez que llueve. Los alumnos y alumnas de secundaria tienen que usar baños químicos que se encuentran en la pequeña porción de patio que nos quedó ¿y cuando llueve? También ¿y durante el recreo de primaria? Nos aguantamos. De nuestro comedor, el cual da desayuno, almuerzo y merienda, sólo pueden usarse dos bachas para lavar porque las demás se tapan desde que la obra está en construcción.

 

 

El edificio, aparte de compartirlo tres instituciones, lo compartimos con ratas. La caldera, las ventanas, las mesas y las sillas son otras de las tantas cosas que se encuentran rotas. La situación no da para más. Gracias a las medidas tomadas desde la comunidad educativa, logramos que el Director de Infraestructura Mateo Nicholson baje a la realidad de la escuela. Luego de brindar las excusas pertinentes a este tipo de funcionarios, se hizo un acta en donde se comprometieron a «gestionar» los arreglos necesarios para poder seguir trabajando en el edificio actual, y comenzar con la licitación de la obra paralizada. Nos aseguró que ese trámite lleva un lapso de 60 a 90 días. Es evidente que no podemos esperar ese tiempo. Por lo tanto, y teniendo en cuenta la experiencia acumulada, no creemos en promesas vanas. La comunidad está de pie y no vamos a resignar la educación de nuestros hijos y nietos. El martes los padres decidieron no mandar a sus hijos a clase y esperar al inspector de obra para ver las respuestas que trae. De lo contrario, ésta comunidad sabe muy bien como continuar.

 

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