10 mayo, 2018
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El FMI atenta contra toda soberanía

 

 

* Por Pablo Iglesias, 
secretario general de Podemos.

 

 

Desde que Rafa Mayoral y el resto de mis compañeros visitaron Zavaleta, estábamos esperando que La Poderosa pudiera llegar a España. Y sí, los invitamos a disertar en el Parlamento Europeo, para que todos esos gritos comunitarios retumben también aquí, desde los movimientos populares hasta la defensa de los Derechos Humanos, porque hoy más que nunca necesitamos establecer puentes entre las experiencias de transformación real que resisten a la embestida neoliberal.

 

 

Sinceramente, no me hubiera imaginado esta vuelta de Argentina al Fondo Monetario Internacional en esta semana ni la siguiente, pero sí preveía que tarde o temprano iba a ocurrir, porque las recetas de la derecha ya las conocemos todos. Por más que le pongan blanqueador a los dientes de un candidato o le pongan «Sí, se puede» a sus afiches, un gobierno neoliberal tiene consecuencias monetarias muy concretas y directas, demasiado sufridas ya por toda América Latina. Que hayan pasado sólo dos años desde la asunción de Macri y hoy deba pedirle plata a semejante organismo revela que sus políticas, viejas y vulnerables, son un fracaso: lejos de celebrar, ahora deberán dar explicaciones.

 

 

No hay mucho para explicar, ¿verdad? La intervención del FMI en la economía de cualquier país del mundo representa el fin de su soberanía. Y sí, hasta hoy la modernidad se ha edificado en torno a ciertas nociones que la Revolución Francesa puso sobre la mesa, como la libertad, la igualdad y la fraternidad, solamente a partir de la “soberanía nacional”, eso que nosotros podríamos llamar actualmente “soberanía popular”. Por tanto, la supuesta globalización económica, en términos liberales, no significa otra cosa que una transferencia del poder de los Estados.

 

 

Sin dudas, en el devenir de todos esos mecanismos hay muchas deficiencias o defectos, pero son todavía procedimientos elegidos por los pueblos, que aún en última instancia tienen elementos de legitimación democrática: es decir, uno es presidente porque la gente lo ha votado. No obstante, cuando el poder se transfiere a esas instituciones que no ha elegido nadie, sin vínculos con los sectores sociales y sin ningún tipo de rendición de cuentas a la ciudadanía, nos topamos con el gravísimo problema del vaciamiento a la patria soberana. ¿O que dice la vuelta del Fondo Monetario Internacional a la Argentina? Dice algo muy claro: “No mandan ustedes, mandamos nosotros”.

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