12 mayo, 2020
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Son 511 positivos en la Villa 31 y 685 en todas las villas de Capital Federal

«AHORA SON 511 POSITIVOS SÓLO EN LA VILLA 31
Y 685 EN TODAS LAS VILLAS DE CAPITAL FEDERAL»
Sólo ayer, la curva de contagios en la Villa 31 sumó más casos que ningún otro día desde que comenzó a circular el virus, pero esos 134 nuevos contagios no estuvieron ayer en manos de los periodistas que sacaron del escondite a Rodríguez Larreta. Sin actualización de datos, las entrevistas estuvieron montadas sobre los números que habíamos confirmado 48 horas antes. Nadie pudo preguntar entonces, ni responder tampoco, por ninguno de los dos recientes fallecimientos que incorporaron a la siempre postergada planilla de los barrios populares, uno en Retiro y otro en Bajo Flores. Del domingo hasta hoy, el Ministerio de Salud nacional no recibió información de la misma cartera porteña. Y no la tiene todavía: eso se llama politiquería. Detrás de la foto, la unidad y la armonía que vemos en las conferencias, hay una realidad que se llena de impotencia e incertidumbre desde bien abajo, donde todos los profesionales del sistema sanitario alertan sobre un empinamiento justito pero justito ahí, ¡en el barrio que dejaron sin agua durante 12 días!
Para colmo del cinismo, ayer mismo, sobre un pico altísimo y desproporcionado en relación al resto de la Ciudad, Larreta y Santilli se jactaron una y mil veces de «haber ido corriendo a buscar al virus en las villas, puerta por puerta», cuando en realidad están corriendo tras las cámaras de televisión, siempre detrás del virus. ¿Saben cuántos casos confirmados tenemos a esta hora en las 29 villas de la Capital Federal? 685. ¿Y en cuántos barrios están «buscando los positivos», como dicen y repiten los funcionarios? Dos, apenas dos. ¿Y cuántos casos esperaron para salir a detectar esos positivos en la 1-11-14? Más de 140. ¿Y cuántos positivos detectaron ahí, en las únicas 24 horas que montaron el dispositivo? Nueve. ¿Y en la Villa 31? Y en la Villa 31 están tomando la temperatura, forzados por la intervención de Nación, que además los obligó a mantenerlo activo para no invisibilizar la situación real, «porque lo querían levantar a los diez minutos».
Silencio, manipulación y pauta resultó un combo suficiente para mantener solapadas todas las alertas que venían sonando hace rato en las villas, hasta que la muerte los puso en evidencia. Recién ahí, «pasamos a la fase 4», sí, atacar al interlocutor, pero esa fachada también se despinta fácil: mientras Larreta llama politiquería a las denuncias de La Poderosa y dibuja una sonrisa frente a las campañas de Unicef, te oculta que Unicef acaba de firmar un convenio para fortalecer a La Poderosa, «porque llega donde no llega el Estado». Y nobleza obliga, si no fuera por ese refuerzo, hoy no tendríamos comida en todos esos merenderos informales que su gestión se niega a reconocer en la ciudad más rica del país, ésa que gobiernan hace 13 años.
Las villas no «tienen un problema por la densidad»,
las villas tienen muchos problemas, por la precariedad

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