22 junio, 2020
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Deben cuidarnos a quienes cuidamos


 

* Por Adriana Perroni, médica y compañera de Miguel Ángel Duré, jefe de terapia intensiva fallecido por coronavirus.
 
En Chaco nos estamos muriendo por la falta de protección y atención del gobierno de Capitanich. Miguel Ángel Duré tenía 53 años y estaba en el Hospital Perrando de Resistencia desde 1995, cuando ingresó como residente; el último 2 de junio llegó como paciente con falta de aire: esa misma tarde dio positivo el hisopado que se había hecho unos días antes. Es muy duro porque quedó esa sensación de que si hubiera tenido un barbijo N°95, él podría estar vivo.
 
Acá no sólo hay circulación comunitaria hace rato, sino que está afectando en los lugares más pobres como Castelli, la zona del impenetrable. Y recién cuando Duré se murió y los medios mostraron su rostro, abrieron un depósito de nuestro hospital donde había cosas nuevas embaladas y barbijos N°95 bajo llave. Antes no nos escucharon y si aún no comprenden, insistimos: ¡deben cuidarnos a quienes cuidamos! ¿A nadie se le ocurrió antes que debían proteger a quienes intubamos pacientes? Es inexplicable. Había barbijos de los que nos servían a nosotros y mamelucos como los que habían comprado de su bolsillo médicos de terapia común.
 
Esto es un pedido de ayuda. El gobierno provincial debe parar, mirar lo que hace mal y cambiar a la gente que sea necesaria. Yo no tengo cargos, soy una trabajadora de la salud más, pero hablo por mis compañeras y compañeros, así rompemos la invisibilización.
Es urgente que se firme el protocolo para transfundir plasma de convalecientes porque es una medida que puede salvar vidas. Subestimaron la crisis en Chaco y dieron lo mínimo en insumos; el Estado debe cubrir ante la eventualidad del desborde, no salir corriendo después de que los médicos nos morimos. Acá había clubes a disposición, no entiendo cómo Capitanich, pudiendo aislar en el Club Sarmiento o en polideportivos con vestuarios como el Zapata y tantísimos otros, prefirió condenarnos al faltante de camas.
 
Pero claro, no es nada nuevo, porque la salud está abandonada hace muchísimos años. Hay grupos de expertos que ahora mismo están trabajando como técnicos de laboratorio, exponiendo la vida, por 13 mil pesitos: ¡precarizados!
Los hospitales necesitamos, todos y no sólo los que salen en los medios, barbijos quirúrgicos, antiparras, guantes, camisolines comunes e hidrorepelentes y elementos de máxima seguridad para los intubados. También si tuviéramos videolaringoscopios suficientes, no estaríamos arriesgando nuestras vidas, acercándonos a la boca del paciente para mirar el fondo de su garganta. Hay muchísimas cosas que no se saben y son de terror.
 
En el Perrando estamos orgullosos de una cosa y es que, como la familia de Duré no pudo despedirse por el aislamiento, todo el hospital lo abrazó con aplausos desde la morgue hasta la salida. Lo escoltamos para que no se vaya solito y fue emocionante. No somos números, Miguel Ángel Duré dejó a su esposa pediatra y dos hijos. Su profesionalismo, pasando por jefe de residentes, de guardias y hasta los últimos años en la planta de terapia intensiva, estuvo cargada de lucha. Con la cuarentena, él estuvo en la zona de terapia polivalente. Era muy buena onda, absolutamente humano, cálido y un oasis de paz porque tenía mucha seguridad para atender. Mucho conocimiento y capacidad de resolución. Era él, como se dice, un médico de trinchera. Hoy, a las y los trabajadores de la salud de Chaco nos duele el alma, porque su muerte se podría haber evitado.
 
#NoMiremosParaOtroLado

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