23 diciembre, 2021
, Nuestra Tapa

“SI TODOS SOMOS IGUAL DE LIBRES VAMOS A ENTENDER QUE EN EL CIELO PUEDE VOLAR CUALQUIERA”

Desde su Bahía Blanca natal hasta las villas de todo el país, la voz de Abel Pintos resonó en la tapa de nuestra revista, sin desafinar una sola oración: “Mis desafíos familiares, individuales y profesionales están en un mismo volumen, hoy me siento equilibrado”. Abel nos regaló una hora de charla y reflexiones compartidas, y nos dejó una inquietud que todavía nos interpela: “El hambre es noticia cada día a pesar de que se producen alimentos para el triple de la población del planeta”.
Nos contó de su recorrido en la música, desde el coro de niños de Ingeniero White en el que empezó a cantar a los 9 años hasta su disco debut, producido por su “padre musical, ídolo y amigo”: León Gieco. Hoy, Abel tiene 37 años y 22 discos de platino, pero sigue siendo el mismo niño que a los 11 se subió a su primer escenario con una remera con la imagen de León: “Me cautiva todo el proceso en la música. Me gustaría que se modifique lo que tiene que ver con las oportunidades, los espacios y las herramientas que faltan, y los prejuicios que circulan”.
Todos los días, Abel se despierta y lo primero que hace es meditar: “Me despeja, es mi forma de sentirme listo para salir a la vida”. Consciente de la importancia de la salud mental, le preocupa que en los barrios populares sea tan difícil acceder a ella: “Creo que los psicólogos hacen falta para que los chicos puedan elegir caminos que no sean el consumo. Me parece fundamental que el Estado acerque recursos donde hay más necesidades. Si en un lugar como, por ejemplo, la Villa 21-24, no hay contención, es porque falta algo importante”.
También gritó junto a las villas por un derecho tan fundamental como el agua, que no llega a todos los barrios por igual: “Me duele mucho que haya gente sin agua potable. No lo entiendo, me cuesta comprender”. Y nos interpeló una vez más al reflexionar sobre la falta de oportunidades: “La igualdad implica que tengamos acceso a las mismas posibilidades. Si todos somos igual de libres vamos a entender que en el cielo puede volar cualquiera”.
Gracias, Abel, por la música.
Y por levantar nuestra bandera.

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