17 marzo, 2020
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«Desde Europa para mis hermanos de las villas argentinas»

 

* Por Antonio Manco, director cinematográfico napolitano de Ni un pibe menos,
para La Garganta Poderosa.

 

Amigas y amigos queridos, desde que los conocí en Zavaleta cuando viajé en el año 2013 con la intención de documentar cómo se sentía a Maradona en las villas argentinas y me quedé tres años por las otras violencias que azotan a los barrios e hicieron que perdamos a Kevin y a muchos más, parte de mi corazón y mi cabeza está con ustedes siempre.
Les escribo desde Suiza, sin poder volver a Italia a visitar a mi familia, mientras allí se sufre una situación tremenda con 31.000 personas infectadas y 2500 muertas, aproximadamente, y en todo el mundo son más de 7000 fallecidas. En medio de esta situación acá no paro de pensar cómo harían ustedes si allá escalara a este nivel. Sin dudas, lo mejor es prevenir tomando conciencia y evitando medidas egoístas o desesperadas que contagian el miedo.

 

Seguramente muchos desconocen tanto como yo ignoraba la cotidianidad tan vulnerada de los barrios en este momento. Ya no puedo desentenderme de su realidad, amigos; son quienes más expuestos quedan frente a todo lo que pasa a partir del Covid-19. Aunque se haya promovido la cuarentena por dos meses, hay esperanzas de que se termine pronto porque está cerca el verano, pero en las barriadas latinoamericanas no es así. El coronavirus debilita el sistema inmunitario, baja las defensas y ataca a los pulmones; quienes más lo sufren son las personas mayores, sobre todo las que están enfermas de tuberculosis, diabetes, dengue o que no cumplen con la nutrición básica. Ahí hay que poner todas las fuerzas: la primera medida debería contener a quienes más padecen la desidia; está muy bien recomendar el aislamiento para quienes pueden, pero existen muchos trabajadores que si no salen a trabajar, no comen. Me preocupa saber cómo harán para limitar y contener el dolor de todas estas víctimas. Espero y confío en su espíritu para seguir organizándose.

 

Si la respuesta a la crisis sanitaria termina siendo personal o generando las condiciones para que ganen más los que siempre ganan y que pierdan más los que siempre pierden, nos espera una profunda crisis social. Si hay algo que pude descubrir y aprender de ustedes es la enorme solidaridad: conozco cómo se vinculan, sé que no tienen miedo a conocerse y a fomentar el cuidado comunitario, un saber que hay que poner a disposición en estas circunstancias, porque desarrollan estrategias para que nadie se quede sin comer y que los comedores y merenderos no dejen de funcionar, como las viandas que implementaron para no exponerse a posibles contagios.

 

Para frenar la paranoia social hay que acelerar el cuidado real.
La solución es colectiva, no individual.

 

Cualquier cosa, aquí estoy. Les mando mi mejor abrazo, cuídense.
Los quiero mucho.

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