2 mayo, 2013
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Infelices los normales

Infelices.

Felices los normales, esos seres extraños,
los que no tuvieron una madre puta, un padre peronista, un hijo trosko;
una casa sin cloacas, una enfermedad sin obra social;
los que no han sido calcinados por un precario cableado eléctrico,
los que le dieron el 70% y un poco más,
los llenos de empleados, los arcángeles con monederos,
los propietarios, los ricos, los lindos,
los educados y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
los que mandan, los que son queridos hasta en la dictadura,
los flautistas patrocinados por ratones,
los vendedores que jamás fueron consumidores,
los caballeros ligeramente inhumanos,
los corruptos vestidos de truenos y las corruptas de relámpagos,
los dialoguistas, los ubicados, los urbanizados,
los moralistas, los legales, los inimputables y los inimputeables.
Felices las aves de prensa, el estiércol, las hiedras.

Pero que den paso a los internos del Borda que hacen los mundos y los sueños,
las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbordan
y nos construyen; los más locos que sus madres, los más pobres
que sus padres o más ricos que sus hijos
y más devorados por gobiernos recalcitrantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Los anormales de La Poderosa
(con la locura de Roberto Fernández Retamar)