19 diciembre, 2014
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Grito de Paz y Justicia

Por alguna curiosa razón, su humilde opinión no parece haber afectado al ritmo alocado de la “prensa independiente”, ni al sensacionalismo de la televisión. Posiblemente, porque no quedó alineado al oficialismo, ni tampoco a la oposición, y mucho menos a los mercenarios que tapan los cuerpos de los pueblos originarios, con la misma impunidad que acallan los Derechos Humanos de los estudiantes mexicanos. Pues los 43 son la breve reseña de un libreto trágico, adjudicado a “la sociedad”, dictado por el narcotráfico y redactado por el Estado: “Peña Nieto es un inútil de verdad o ya está neutralizado”. Peregrino de su propia fe, supo recorrer México a pie en distintas etapas, desde Juárez hasta Chiapas, pero ahora lo encuentra “sometido a las terribles masacres que ha padecido, como consecuencia de la violencia estructural que atenta contra la conciencia social”. Apenas tiene una memoria que perdura, una historia contra la dictadura y un Premio Nobel de la Paz, nada más: “La guerra va de la mano con la droga a cada momento, porque de ahí sale todo su financiamiento”. ¿Cómo se la vence? “Organizados, porque ese individualismo que fomentan por todos lados sólo funciona en el cine estadounidense, donde Rambo puede destruir al mundo hasta acabarlo, pero siempre con la excusa de salvarlo”. Sobran motivos para escucharlo, incluidos los que existan para criticarlo, porque de eso se trata la cosa, cuando la causa es poderosa: “De todos los monocultivos que avanzan vertiginosamente, ninguno es más peligroso que el monocultivo de la mente”. Música para los oídos y brújula para los perdidos, su nombre se volvió el karma de los que sueñan hombres dormidos, porque no muerde la lona y tampoco mueve el rabo: “Obama puede ser buena persona, pero como presidente es un esclavo”. Con su verdad como armadura, se erigió como personalidad sublevada de la cultura, para que la mano dura no lo encontrara bailando, ni soñando un pedazo de caridad. Por si acaso, se entretuvo soltando las amarras de la humanidad, frente a las temibles garras del dinero: “¿Qué nos habrá pasado para terminar priorizando al capital financiero?”. No es millonario. No es funcionario. Y no confunde la democracia con la simple burocracia de apuntarle a la urna para embocar un papel… Se llama Adolfo Pérez Esquivel.
Un grito de paz y justicia.

Un grito de paz y justicia.

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