8 julio, 2015
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Cuba va

Si no creyera en la locura de la Garganta del sinsonte, si no creyera que en el monte se esconde el trino y la pavura, no podría tocarnos en canciones urgentes, ni en letras imprescindibles: “Lidiar con las contradicciones nos hizo resistentes y aún más creíbles”. Pues sin enterrarse en la arena como el avestruz, siempre llega hasta el motor que mueve la luz. Y siempre allí, hace su tarea mejor, el trovador de la damisela soledad, un poco con amor, un poco con verdad: “Todos queremos prosperidad, pero siempre con dignidad”. Va vistiéndose de luto, va llorando el querubín o va contando los minutos de Dios y Martin Luther King, como rogando información, entre hermanos y mujeres innombrables: “La salud y la educación son Derechos Humanos indispensables”. Un ser de otro mundo, un animal de galaxia, una historia que tiene que ver con el curso de la vía láctea, sin el fúnebre discurso para burlar a la muerte, ni tampoco para llegar al cielo: “Tenemos la suerte de contar con Fidel y Raúl para actualizar el modelo”. ¿Acaso se van? ¿Y a dónde van? ¿A dónde van? “A un socialismo próspero y sostenible, que por supuesto no es imposible”. Pero qué maneras más curiosas de recordar tiene uno. Hoy recuerda mariposas, que ayer sólo fueron humo, para que al fin escribieran la historia, su historia, los hombres de Playa Girón: “Atentos y con memoria, seguiremos defendiendo los logros de la Revolución“. El espectro es Rodríguez, con Bolívar y el Che, porque el mismo camino caminaron los tres, pisándote los pies, soportando largos veranos o esperando buenos otoños, cuando el águila rompía su huevo: “Pintar a los cubanos como demonios suena a falacia del Medioevo”. No hacen falta alas, para hacer un sueño, basta con las manos, basta con el pecho, basta con las piernas y con el empeño, para salvarte entre únicos e impares, cuando azotan esos rugidos lejanos: “Nuestros cambios nacen de consultas populares, no de gobiernos norteamericanos”. Sin primavera, ni estación, la era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor, “pero sin un solo paso atrás, podremos estar mucho mejor, si potenciamos las industrias nacionales, para destinar mayores y mejores recursos a los apetitos espirituales”. Sí, señor, que le tenga cuidado el amor, que le puede cantar su canción. Ojalá, pero que nadie interrumpa el rito, porque queremos amar en paz, para decir en un grito: ¡Cuba va! Cuba va.

 

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