24 marzo, 2016
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“CARTA ABIERTA AL CÓDIGO DE FALTAS”

* Por Viviana, madre de Facundo Rivera Alegre, desaparecido en democracia.

Allá en 2009, por aquellas tenebrosas noches de febrero, pasé los peores segundos de mi vida, un domingo de llovizna. A las 6 de la mañana, fui a buscarlo a su pieza y Facu no estaba, no había llegado. Paciencia, pensé. Y a las 10, cuando el sol ya rajaba la tierra y la piel, empecé a buscarlo, por todos lados, desesperada, angustiada, sin saber para dónde correr, moviéndome a toda hora, como ayer, como ahora.

Nadie sabía nada.

Sin tiempo para pensar, lo primero que se me pasó por la cabeza fue salir corriendo a las comisarías, porque a Facundo se lo llevaban por su pinta cada dos por tres, algo insólitamente legal para el Código de Faltas cordobés. Generalmente, lo detenían y lo largaban a la medianoche o al otro día, pero una vez lo agarró la Infantería y, cuando lo fui a buscar, me dijeron algo que nunca voy a olvidar: “Falta poco, señora”.

¿Falta poco para qué? Todavía no lo sé.

Facundo tenía 17 años y esa tarde, de la bronca que tenía, lloraba en plena comisaría, diciendo “loco, estoy harto de que siempre me detengan por el pelo pintado, por la gorra, por cómo me visto”. Y sí, la Policía de Córdoba tiene todo a su disposición para hacer desaparecer una persona, para matarla o para tenerla encerrada donde se le cante, tal como hizo con mi hijo, en esta causa donde está claramente implicada, aunque la Justicia Provincial intente demostrar que no.

Pasaron 4 años y ahora Rocío, la hija de Facu, me pregunta por él. ¿Vos lo ibas a buscar a mi papá a la escuela? ¿Te decía má, o mami? ¿Cuando mi papá salga del cielo, me puede ir a buscar al jardín? Y entonces, ¿saben cómo le respondo? Le respondo como aprendí en los tiempos de la dictadura, cuando yo preguntaba por mi hermano y mi cuñada, un estudiante de historia y una psicóloga, que siguen desaparecidos desde entonces, por haber cometido el tremendo delito de haberse comprometido con la realidad. Por entonces, yo tenía 11 años y ese día, esa noche infinita, nos tuvimos que esconder con mi padre, porque mi hermano lo quiso así.

¿Qué siento 40 años después? Siento que sigue intacto ese aparato represor, ése que sufrimos durante 7 años de gobierno dictatorial y durante 33 años de gobiernos democráticos, como si no estuviéramos atravesando este infierno en vida, todas las familias que buscamos a nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestras cuñadas. Pero sí, para desgracia de todas esas mafias, aquí estamos, de pie, exigiendo Justicia, buscando un poco de paz y gritando, hoy más que nunca, ¡nunca más!

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