20 abril, 2016
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Juicio por el crimen de Ismael Lucena: Día 2

En la segunda jornada del juicio por Ismael Lucena, la lluvia dio una tregua. A las 14, puntual, arrancó la audiencia, otra vez a sala llena.
El peso de las declaraciones de ayer deberían allanar el largo camino recorrido hacia la justicia. Los principales testimonios fueron expuestos por Marcelo “Pipí” López, el amigo de Ismael que estaba con él aquella trágica noche del 10 de noviembre de 2011; Isabel de la Cruz, su cuñada; Miguel Álvarez, quien vivía en la casa donde la Policía golpeó y posteriormente detuvo a Ismael y a Marcelo; y el comisario retirado José Meyer.
 
 
El primero en declarar fue Marcelo “Pipí” López, el principal testigo de la causa por ser víctima sobreviviente de la golpiza que provocó la muerte de su amigo. “El 9 de noviembre salí de mi casa a las 7 de la tarde, a buscar a Ismael para ir al barrio Virgen del Huerto, donde vive mi amiga Vanesa de los Ángeles. Ahí nos quedamos hasta poco antes de la medianoche. Llegamos a las 23:36 a la parada del colectivo; pasaron dos que no quisieron parar. Entonces, decidimos caminar. Más adelante, vimos a dos personas en el descampado, que nos señalaron y gritaron algo que no logramos entender. Empezamos a correr, por miedo a que nos roben o nos peguen. Nos empezaron a perseguir. Al instante, escuché cuatro tiros, mientras entrábamos al barrio El Gráfico. Primero llegamos a la casa de un hombre, que no nos quiso ayudar. Luego nos cruzamos a una casa que estaba con el garaje abierto, donde había otro hombre, cerca de su auto. Sacó un trenzado y nos dijo que nos fuéramos. Le dije que nos querían robar, saqué mi celular y pedí que llamara a la Policía. Me dijo que al frente vivía uno. Y cerquita otro. Cruzamos al frente y en ese momento me doy la vuelta porque escucho unos gritos y había una persona con una remera rosa”.
En ese momento, la Fiscal le preguntó quién era esa persona y si podía señalarla en la sala.
 
 
          Sí, lo conozco, es Mondino. -Y lo señaló.
 
 
Continuó: “En ese momento sentí el ruido del golpe, Ismael cayó y nos empezaron a pegar a los dos. Luego, sentí una cosa fría en la nuca: era un arma apuntándome. Ahí, un tipo me amenazó: ‘Te voy a matar, chorito». Logré alzar la vista y vi sangre en Ismael. En ese momento confuso, empecé a darme cuenta de que eran policías. Mondino fue quien le pego a él. Yo quise mirar a Ismael y una persona me dijo: ‘’No mirés’’. Levanté la vista otra vez y alcancé a ver dos uniformados. Uno se acercó y me sacó el cinto, creo que fue Tejerina. Me lo puso en las manos, me levantó del suelo y me subieron a un Renault bordó. Zelarayán se llevó a Ismael caminando”.
 
 
La historia prosiguió: “El 14 de febrero de 2012, me estaba bañando cuando mi mamá me fue a decir que un hombre me buscaba, y que ella creía que era el oficial González. Me puse muy nervioso, terminé de bañarme y salí. Era él. Desde donde estaba parado, aproximadamente a 7 metros, me dijo: “No te acerqués al careo porque te va a pasar lo mismo que a Lucena”.
 
 
Más tarde testimonió el perito Diego Fernández. Fue interrogado por la Fiscal, quien le consultó si era posible borrar evidencias limpiando el arma. Fernández respondió que era posible. Esto dejó entrever que el hecho de no haber encontrado el arma con sangre de Ismael, no descarta que haya sido utilizada para lastimarlo.
 
 
Luego, testificó Miguel Ángel Álvarez, jubilado de la policía de la provincia y propietario de la casa donde pidieron ayuda e intentaron refugiarse Ismael y Marcelo. Según contó, en el porche de su casa los jóvenes fueron agredidos por dos personas de civil que identificó entre los acusados, señalando a Mondino Becero como autor de los golpes y a Arturo Monserrat como quien transportaba la escopeta haciendo guardia en la puerta. Relató, afligido, que vio a Mondino propiciar una brutal golpiza a “Pipí” en la cara, y expresó que no podía entender como un efectivo podía actuar de esa manera. Y aseguró que a lo largo de su carrera, nunca vio un procedimiento tan violento. Agregó que su hijo le pidió «por favor» que llamara a la Policía y el salió en su moto hasta la comisaría. Allí, no encontró a nadie prestando servicio. De regreso, se cruzó con su hijo, quien le informó que a los jóvenes ya los estaban llevando a la comisaría. “Fuimos ahí y encontramos a Ismael tiritando, con la piel amarilla”.
 
 
Allí, un oficial me dijo: “Váyase tranquilo que vamos a labrar un acta”. Entre lágrimas se lamentó la pérdida de Ismael. “Si lo hubiesen asistido podría haberse salvado”, confesó.
 
 
Isabel, la cuñada de Ismael, contó que la persecución no termina:
‘’El 14 de febrero de 2012, día del cumpleaños de Ismael, fuimos al cementerio con uno de sus hermanos a llevarle flores. Cuando estábamos ahí me llegó una llamada de un familiar diciéndome que el oficial González estaba en casa de Marcelo López. Nos tomamos un taxi y fuimos a su casa. En la puerta había una persona que ni bien me reconoció, se subió a la moto. Me crucé y llegué a decirle ‘Hijo de puta, ¿qué hacés acá?’. Aceleró y se fue”.
 
 
El último en declarar fue el comisario retirado José Meyer, que en ese entonces era subcomisario en las Talitas. Contó que el día anterior al hecho se retiró a las 11:30. Luego llamó por teléfono a la comisaría y le preguntó al oficial Trejo si había novedades. Éste le contestó que estaba todo tranquilo. En la Regional Norte, recibió un llamado pidiendo que bajara a la comisaría porque algo había ocurrido. Al llegar habló con la Fiscal, quien le relató lo sucedido. Admitió haber visto el acta no firmada por los oficiales, pero sí por los jóvenes. “Los policías actuaron fuera de lo que está establecido en el protocolo para estos casos. Si Mondino y Monserrat hicieron algo, tienen que responder”.
 
 
Hoy se realizará la tercera audiencia en el Palacio de Tribunales de Tucumán.

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