3 abril, 2016
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Maestro de los maestros

De frente al paro docente nacional y de espaldas al decadente desamparo judicial, el presidente de la humildad se pone el delantal neuquino, para repudiar la impunidad de un asesino que mandó a reprimir a mansalva, para que nunca pudieras oír a Carlos Fuentealba, esa voz que todavía los acecha: “El pueblo y sólo el pueblo, puede frenar a la derecha”. Contra la solemnidad servil que funciona como manta, cuando la desigualdad salpica, este 4 de abril abre la garganta José Mujica, entre gritos infinitos de propios y extraños, porque hace 9 años la causa está dormida por esa justicia que atrasa, con Sandra destruida y con Sobisch en su casa, como si fuera la normativa, “pero no hay ninguna derrota efectiva, porque tampoco existe la victoria definitiva”. Mientras el mundo te tira mierda y te pide calma, Pepe sale a bancar a la “izquierda de cuerpo y alma”, poniéndole el corazón a todo lo que hace y defendiendo “una educación con conciencia de clase”. Frente a los discursos importados o impostados desde arriba del atril, el villero más querido apaga los televisores de esta falacia: “En Brasil, quieren destruir al Partido de los Trabajadores, para llevarse puesta la democracia”. ¿Se escuchó? Sí, a todos nos re cabió, porque “los sectores de mayor vulnerabilidad están obligados a desarrollar su propia intelectualidad”, con independencia y mentores barriales, “para no alquilarle la inteligencia a otros sectores sociales». Nunca más silenciados por las mafias que se supieron reciclar, “los únicos derrotados son aquellos que no se vuelven a levantar”. Pues hoy, no hay paro de utopías. Hoy, no hay paro de recordar. Hoy, como tantos otros días, el Maestro nos vuelve a educar.

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