14 mayo, 2016
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«Vencimos, negrito»

* Por Isabel de la Cruz,
Cuñada de Ismael Lucena, asesinado por la Policía de Tucumán.

 

Hola Negro, te escribo otra vez desde acá, desde la cocina de casa. Ojalá pudiera contarte una buena nueva cara a cara, entre mates y mates, pero no puede ser, ya lo sé. Por eso, va otro grito con toda La Garganta, para celebrar la victoria después de tanto luchar.

 

El día tan ansiado llegó: tus asesinos se van a pudrir adentro de una prisión.

 

La primera jornada llovió, como llovieron nuestros rostros, cada vez que decidimos salir a la calle para nombrarte, para recordarte, para invocarte. No puedo explicar cuán movilizante fue mirarles las caras a esos policías, sentados en la silla de los imputados, gracias a la lucha de tu familia y gracias al aguante de la gente, junto a los movimientos sociales. ¡No te imaginás eso! Al principio, apenas nos reuníamos con los vecinos y las vecinas de La Poderosa Tucumán, aguantando el agua o el sol, acompañados por los organismos de Derechos Humanos y esa gran mesa de apoyo popular, pilar fundamental en toda esta historia que duró más de 4 años. Con el tiempo, muchos se comenzaron a sumar por cuenta propia, con fotos de sus seres queridos, también víctimas de la violencia institucional. Y siempre a mi lado, ella, Julita, mucho más que nuestra abogada, la abogada de tu verdad, una mujer con ovarios cargados de dignidad, Julita.

 

Dentro de la sala tuve que soportar las cosas más absurdas: dijeron que habías consumido, dijeron que estabas robando, dijeron que fue tu culpa por no detenerte, dijeron que parecías chorro. Y sí, tal vez lo sigan diciendo, sólo que ahora deberán decírselo a otros presos. Pues el eco de nuestra lucha pudo más que mil mentiras, cuando esos que intentaron deshumanizarte, se encontraron con vos: ¡Tu grito los ensordeció!
Siempre fuimos con la verdad, mi negro, siempre, para cumplir aquella promesa que te hice en el cementerio, llorando tu asesinato, el 10 de noviembre de 2011: «Nos la van a pagar».

 

El amor que nos unió desde que eras chico generó que me sintieras como una madre y que yo te supiera un hijo. A lo largo de todos estos años, sin el dolor de tu ausencia y el amor por la presencia de tantos recuerdos hermosos, como esas risas contagiosas más poderosas que cualquier siesta, hubiese sido imposible seguir de pie. Pero esa fuerza que desde algún lado me transmitís, te convirtió en una bandera de lucha contra la violencia institucional, contra el gatillo fácil, contra la represión estatal, no sólo en mis manos, sino también en las espaldas de muchas otras familias destruidas por la Policía tucumana, que hoy también se animan a denunciar, convencidos de no claudicar.

 

¡Vencimos, negrito! Lo logramos. Hay cadena perpetua para tu asesino, Mondino Becero. Y ahora, debemos mirar para adelante, porque lamentablemente hay muchos otros que sufrieron como vos, sin Justicia, sin paz, sin voz.

 

Te dejo partir, tranquilo y en paz.

 

No te preocupes por mí. Cada día, intentaré ser la Isabel que vos querías, agradecida a tu luz y a todos los compañeros que nos acompañaron siempre.

 

Te amo con locura,
hijo mío.

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