6 junio, 2016
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Esa tarde, te convertiste en héroe

Al hombre de la sangre y las misiones imposibles, a nombre del hambre y los millones de invisibles, sólo nos faltaba verlo ahí, así, chorreando sudor y poniendo huevo, para gritar con toda la jeta, desde el nuevo comedor popular de Zavaleta, “porque resulta inexplicable que todavía haya gente sin agua potable”. Cucharón en mano, ante una olla caliente, un grito villero y miles de vocecitas, Mascherano inauguró oficialmente el comedero “Las Gargantitas”, para orgullo de todos los argentinos, “por el inmenso trabajo que hacen estos vecinos”. No sólo nos dio pelota, nos dio esa pelota que no se mancha, porque toda la vida se comió la cancha y sí, las tapas con famosos suelen ser promocionadas, pero lamentablemente no sirven para empanadas, ni llenan la panza vacía, ni completan las grillas de nutrientes: “Más allá de cualquier ideología, hay que colaborar con las villas y no ser indiferentes”. Liberando a su hermano de una adicción, Javier conoció la desesperación de sentirse impotente, sin abandonar la obligación de ir al frente, día a día: “Cuando estás mal económicamente, se hace más difícil todavía”. Comprometido con su propia convicción, siempre y desde cualquier rol, sufrió verse inmiscuido en un caso de evasión frente al gobierno español, pero se hizo responsable, “porque si bien no fui culpable, me equivoqué al depositar mi confianza en quienes no debía confiar”. Charlando como un amigo, escuchando bien concentrado, no pareciera ser el ombligo de nuestro seleccionado, cuando se despide para embarcar: “Ya no alcanza con llegar a la final, ahora hay que ganar”. Y aunque sí, claro que podríamos haber hablado de la Selección, el tipo estaba preocupado por la educación, mal que a muchos les pese: “Nunca le hemos prestado la atención que merece”. De frente, para no incurrir en más de lo mismo, aprovechamos para chequear si realmente le dijo al presidente que saltaría al “heroísmo”, una burda opereta que algún medio careta repitió como si fuera una tira: “Nooo, todo eso fue una mentira”. Puro corazón, puro sentimiento, un chabón que hace «todo al ciento por ciento”. Ojalá lo puedan escuchar. Ojalá el fútbol no lo deseche. Y ojalá puedan televisar nuestra próxima Copa de leche.

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