14 julio, 2016
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Con esperanza, el futuro es nuestro

En un mundo en el que la técnica para estimular el trabajo y la solidaridad es predominantemente material, y en el que la generalización de lo que es particular nos conduce a pensar que todo es igual, perdiendo de vista las causas sociales objetivas que producen la realidad, el grupo juvenil “Con Esperanza nos Fortalecemos” es otro ejemplo que nos impulsa a no bajar los brazos y cada vez gritar más alto.

 

El 2 de julio, los pibes del barrio Los Vázquez inauguraron las obras de construcción del club vecinal. Víctor, referente barrial, nos contó que participa hace un año y medio, pero el grupo se formó en septiembre de 2014. “Todo empezó en base a la necesidad de pelear contra las drogas, y hoy lo conformamos 25 jóvenes”. También sostienen un merendero que funciona tres veces por semana y a pulmón, ya que no recibe los recursos necesarios del Estado.

 

Antes de buscar y encontrar respuestas teóricas a sus problemáticas, los jóvenes tenían muy claro cuál era el camino: “Cuando empezamos, creímos que era de suma importancia contar con una cancha propia, y después de un año de mucho trabajo, logramos la primera etapa del club. Es un orgullo tener a todos los barrios aquí, porque antes ellos nos invitaban a jugar en sus canchas y nosotros no podíamos invitarlos porque no había dónde”.

 

Finalmente, encontraron el lugar: armaron la cancha y la plaza en un predio donde antes había un basural. El proyecto fue armado por el conjunto de jóvenes, quienes diagramaron los planos de acuerdo a sus necesidades, acompañados de arquitectas del Equipo Territorial Interdisciplinario (ETI), el Centro de Estudios sobre Territorio y Hábitat Popular (CETyHaP) del Conicet, y psicólogos que forman parte del dispositivo grupal.

 

El ruido de semejante trabajo territorial despertó el interés de los ministerios de Desarrollo Social nacional y provincial, que financiaron el proyecto para llevarlo a cabo. Los recursos del Estado deben bajar a nuestras manos, para que los sectores populares organizados resolvamos nuestras necesidades, y planifiquemos nuestro futuro.

 

Durante la jornada hubo mate cocido y bollos para compartir con todos los que se acercaron, y finalizó con un torneo de fútbol. María, integrante del grupo, nos contó que para ella “es un sueño hecho realidad, logramos que pasen las máquinas para empezar la primera etapa del club. Con los chicos, antes de la jornada, desmontamos y limpiamos el terreno. Laburamos por el barrio, por las adicciones, porque queremos que los chicos salgan de esto”.

 

Entre la alegría de la quimera que comienza a concretarse, recordó que la lucha es por un barrio y por todos: “Es feo lo que les pasa a ustedes en la Vía Diagonal Norte, están peleando porque no le saquen El Sapito. En todos los barrios humildes es necesario una cancha porque hay muchos chicos y no todos pueden irse a otros barrios a buscar un espacio de juego”. Con la fuerza moral de quien sabe su tarea cumplida sin que nadie le haya regalado nada, nos regaló un consejo: “Nunca bajen los brazos y sigan la lucha, así como nosotros pudimos ustedes también”.

 

Los jóvenes tienen claro que iniciaron un camino de organización que va dejando sus frutos, pero que cada logro debe ser un punto de partida. Víctor piensa que “si bien resolvimos esta problemática del espacio público donde recrearnos, hay muchas otras necesidades, como alumbrado público, enripiado de las calles, e inclusión laboral. Existe una lucha en común entre los barrios más postergados. Hay que entender que en el camino siempre nos van a poner piedras, pero “imposible”, es una palabra absurda, porque existe un poder más fuerte generado por muchos, que viene desde abajo. Cuando los vecinos nos organizamos, logramos esto: que el Estado esté presente”.

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