3 septiembre, 2016
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Al final, eran humanos

Porque nos liquidaron a Rodolfo y a su generación. Porque son el padre autoritario del actual código de convivencia cordobés. Porque son el principio -seguramente la base más sólida- de nuestra falta de urbanización. Porque robaron. Porque persiguieron. Porque censuraron. Porque torturaron. Porque violaron. Porque mataron. Porque llevaron adelante un plan sistemático para la desaparición de personas. Porque se apropiaron de bebés. Por el miedo que metieron y el que nos dejaron. Porque lo hicieron para imponer un modelo económico para pocos.

 

Por eso es que los vemos como las ratas más asquerosos de la historia de nuestro país.

 

Pero no. No vamos a caer en la tentación de enajenarlos del mundo. No vamos a imaginar que son un monstruo, el demonio en vida de nuestra existencia:

 

Preferimos considerarlos seres humanos.

 

Porque son humanos y porque fueron humanos. Porque son y fueron productos de una historia. Porque son y fueron una consecuencia social. Porque son personas de carne, hueso y cerebro. Porque tienen la buena suerte de tener una identidad: nombre, apellido, edad y domicilio. Porque piensan. Porque pensaban. Porque especulan, porque ideaban. Porque con fines claros y algo de devoción negociaban con el Norte.  Porque sabían leer el Clarín. Porque bien conscientes utilizaban la picana. Porque con su pulgar oponible se desprendían la bragueta. Porque con convicción apretaban el gatillo. Porque con fuerza y destreza cavaban fosas. Porque tenían conocimientos de física y aviación. Porque sonreían al dejar en buenas manos a los bebés.

 

Son humanos: ¡estos hijos de remil videla son seres humanos!

 

Por eso es que se los puede juzgar.

 

Si fueran aquel diablo rancio que nos tienta a rechazarlos, si fueran esa cosa externa a los seres humanos, a nuestra sociedad y a nuestra historia, jamás se hubieran sentado en el banquillo. Pues, no se puede condenar a un alien.

 

El pasado viernes se dictó la sentencia de un histórico juicio, el de la “Megacausa La Perla”. Debido al contundente acervo probatorio se penó con cadena perpetua a 28 seres humanos responsables del secuestro y la tortura de 706 víctimas, de las cuales 365 fueron asesinadas o desaparecidas.

 

Y la pena les cabe, porque fueron y porque son seres humanos.

 

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