1 septiembre, 2016
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El grito de los inocentes

No pudo venir Gastón, porque tenía un pozo ciego, sin urbanización. Ni María, que tenía una casa incendiada. Ni Kevin, que tenía una zona liberada. ¿Luisito? Tenía una bala, o dos, o tres. ¿Facundo? Tenía un código de faltas cordobés. ¿Franco? Tenía un linchamiento. ¿Luciano? Tenía un destacamento. ¿Aquiles? Tenía legítima defensa. ¿Y su hermano Ezequiel? Tenía mala prensa.

 

¿Nene Malo?
Buenísimo.

 

¿No sería más lindo un sol que se pudiera bajar? Ya perdimos demasiado yéndolo a buscar, pero todavía nos gobierna la codicia. No les regalaron ni una mísera noticia, ni una condolencia, ni una adolescencia, ni una pubertad, ni unos helechos, ni una fragancia. Confunden publicidad con derechos para la infancia. ¿Pero qué sujeto extraño se habrá robado los interrogantes de semejante afirmación? Sólo 24 horas al año, para los fabricantes de imaginación, esos que saben abollar el paquete, para hacerlo pelota y volverlo juguete. O esas que pasan sus tardes en cualquiera biblioteca, leyéndole un cuento a ninguna muñeca. Pibes de la tierra, de la luz, del mar, del viento, del barrio. Sin guerra, sin cruz, sin par, sin tormento, sin diario. Y mirá si esta licuadora loca nos habrá mareado, que ahora se llenan la boca del Estado, mientras los propios gerenciadores del cautiverio nos quieren vender las flores que llevamos al cementerio. Son malos, pero son buenos, sus slogans de paz. Ni un pibe menos. Ni una bala más.

 

Bajo esa lúgubre luminaria de las estrellas apagadas, invitamos a varios jueces, pero ya nos dieron domiciliaria demasiadas veces. Así que pensamos en los comisarios, pero estaban laburando para sus funcionarios, comprando los vestidos de las pibas que miran bailar, mientras les repartían los fierros a los pibes que hacen robar. Y ahí nomás, decidimos celebrarlo mirando para atrás, pero también para adelante, para no aceptar más ningún representante de la beneficencia que nos quiera comprar la desobediencia con lágrimas de cotillón, ni con luces de televisión, mientras se cruzan un guiño, creyendo que la hicieron bien… Hoy celebramos el Día del Niño. Y mañana también.

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