22 octubre, 2016
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«Perder el miedo»

* Por Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga.

 

Hoy, desde acá, desde nuestro centro cultural, puedo decir que nos hicimos fuertes en la lucha. Y hoy, desde acá, donde alguna vez funcionó ese siniestro destacamento policial, puedo decir que nos hicimos más fuertes en la lucha, porque nos fortalecieron ustedes, pero sobre todo porque nos fortalecieron aquellos que intentaron quebrarnos.

 

Ahora mismo, desde tu barrio, Negro, celebrando otra jornada cultural, con el acompañamiento de los familiares, amigos y organizaciones, puedo decir que haber encontrado a Luciano ese 17 de octubre, dos años atrás, nos permitió terminar con el dolor inexplicable que representa la búsqueda permanente de un desaparecido. Y que vivir así, no era vida. Solo entonces, pudimos nosotros comenzar a procesar el duelo, mientras aprendimos a valorar más la vida, la suya, la nuestra y la de tantos otros pibes como él, como Iván, como Ezequiel, que sufrieron lo mismo.

 

Sinceramente, fueron shockeantes y difíciles esas primeras horas posteriores a su aparición, tan difíciles que aún me cuesta ponerles palabras, pero las atravesamos cómo debía ser: con mucha fortaleza y con la mirada clavada en mi hermano, pensando en todo lo que habían hecho con sus derechos. ¿Y ahora? Y ahora nos toca seguir adelante, tan fuertes como podamos, porque tenemos una familia y un montón de compañeros esperando para seguir. Y para ser felices.

 

Continuar esta pelea y haber construido un Espacio de Memoria donde antes había un centro de tortura policial, nos mantiene firmes, transformando el dolor en dignidad. Pues todos estos años que lo mantuvieron enterrado como NN, les han servido para ocultar las pruebas, con la misma impunidad que ocultaron su cuerpo, durante casi 6 años. Pero todos debemos comprender, aunque tantos se hagan los desentendidos, que cuando desaparecen las pruebas y cuando desaparecen las víctimas, no hay excusas para que desaparezca la Justicia también.

 

Hay peritajes que siguen responsabilizando a la Policía como autores materiales del asesinato y, por eso, necesitamos que el Poder Judicial escuche a la familia, para dar con los verdaderos responsables. Pruebas no faltan. Hay suficientes y contundentes argumentos como para empezar a indagar sobre todos estos años de ocultamiento, pero si nadie hace nada, difícilmente podamos configurar la «desaparición forzada».

 

Increíblemente, al día de hoy, no hay imputados por parte de la Bonaerense, aunque todo el país sabe y sabía cómo mataron a Lú. Por eso, vamos a seguir luchando, para que los jueces también lo sepan. Y al mismo tiempo, vamos a dar todas las batallas que sean necesarias para juzgar también las responsabilidades intelectuales de los funcionarios políticos o judiciales que jugaron en favor de la muerte y la mentira.

 

Sin dudas, la Policía seguirá teniendo estas prácticas, porque así lo disponen sus jefes políticos, cuando piensan estrategias de «contención» para los sectores más humildes de la sociedad, esa perversa sistematicidad de los abusos por parte de las Fuerzas de Inseguridad. Cruel y triste, pero es la lucha que nos convoca, para empezar a cambiar esta realidad miserable, donde un cúmulo chiquito de personas tiene todo y otro grupo grande, muy pero muy grande, no tiene absolutamente nada.

 

No será fácil, pero todos los días nos levantamos sabiendo que podemos hacerlo, que nos toca sentar un precedente y que la mejor manera de ganar es perder para siempre el miedo, poniendo el cuerpo frente a las atrocidades y a esas fuerzas recicladas del Nunca Más.

 

Las verdades nunca mueren, atropelladas en General Paz.

 

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