3 noviembre, 2016
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Carta abierta a mis hijos, Nicolás, Fabricio y Jennifer

*Por Fernando Carrera.

 



Ahora sí, hijos míos; ahora sí, se terminó. Fue posible, ya pasó. Parecía que no llegaría nunca este momento, después de tantos largos años de sufrimiento. Creíamos que nadie se animaría a romper el esquema, porque entre ellos no se tiran, pero esta Corte se animó y ahora sólo nos resta disfrutar, por fin disfrutar, luego de tan arduo camino.

 

De todo eso que nos sucedió, debiéramos guardar varias enseñanzas. Y la principal, es para ustedes: no se rindan nunca, jamás, por más duro que parezca el camino y por más insalvables que se vean los obstáculos. Siempre se puede. Si uno va con la bandera de la verdad y no pierde la memoria, la justicia llega. Sí, la justicia verdadera, no esa otra que usan como “sinónimo” del Poder Judicial, tanta veces funcional a un sistema minado de funcionarios corruptos, en los distintos poderes. Por suerte no son todos. Y por eso hoy estamos gritando con esta Garganta Poderosa, otra vez: ¡Estamos libres!

 

Si bien yo salí de la cárcel aquel 6 de junio de 2012, recién obtuve la libertad ahora, cuando la Corte me declaró finalmente inocente. Antes, estaba sin estar, con esa maldita e injusta condena pesando sobre mis espaldas, bajo el temor latente de la puerta que podía sonar, para que toda esta pesadilla volviera a empezar. Y entonces ahora, no quiero dejar pasar la oportunidad de señalar otro necesario aprendizaje para los jueces, los policías, los periodistas y los políticos, porque son ellos quienes debieran encargarse de garantizar que no exista ningún otro Caso Carrera. Nunca Más.

 

Nunca Más policías de civil identificando rostros por la calle, porque sólo el uniforme diferencia a los empleados de las Fuerzas de todos los demás empleados. Nunca Más jueces que toman el “paquete” de la Policía como única verdad. Nunca Más fiscales mentirosos que escuchan una cosa y escriben otra, para condenar a un perejil e investigar a una institución. Nunca Más Tribunales de Casación con vagos que apenas leen la sentencia y la convalidan por inercia. Pero por sobre todas las cosas, Nunca Más esa prensa al servicio del poder, que vende falsedades para resguardar su derecho a la primicia, destruyendo familias enteras. Nunca Más.

 

Ustedes, hijos míos, saben mejor que nadie de qué hablo. Pero bueno, gracias a Dios, en este hermoso país en el que tuvimos la suerte de nacer, hay más gente buena que mala y aunque nos costó mucho esfuerzo, pudimos torcerle el brazo al poder de ciertas corporaciones. Ojalá, de aquí en adelante podamos llevar una vida sin sobresaltos, como la que siempre hemos soñado.

 

Y que ya nada triste nos vuelva a separar.

 

Los amo, hijos míos, tanto como a mamá, más que a nadie en este mundo.

 

Ojalá un día podamos decir que valió la pena, que ganamos un juicio y que la Justicia fue para todos.

 

Gracias para siempre,

 

Papá.

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