28 diciembre, 2016
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Justicia por lucha propia

* Ana María, madre de «Güere» Pellico, asesinado por la Policía.

Hijo mío, cómo olvidarte, si eras el más divertido de la casa, si soltabas música propia, si tenías una garganta tan poderosa. Y cómo olvidarte anoche, hoy, ahora, que me traés una sonrisa, flotando en medio del llanto. Cómo hago, Güere, cómo hago para explicarte qué feliz me puso dejar de sentirme tan triste por un rato. Cómo hago, si acá tengo la sentencia, pero también tengo esos diez currículum que imprimiste para salir a buscar un futuro, justo ese maldito día, cuando el futuro volvió a comenzar.

Guapo y trabajador, siempre me hablabas de progresar y soñabas, hasta esas horas, con trabajar en una panadería. Pero no te dejaron. Vos sabés, porque desde algún lugar me mirás, que cuando esos dos policías te fusilaron yo me quise morir también. No comía, no dormía, no hacía nada, solamente lloraba. Pero 7 meses después, Alexis, tu hermano, que por entonces tenía 14 años, llorando, gritó: «Güere, llevame con vos». Incrédula, me acerqué, pregunté, respondió y algo en mí resucitó: «No solamente perdí a mi hermano, también perdí a mi mamá”.

Ahí sonó un click, un click que se volvió necesario por mí, por vos, por él, por la familia, por el barrio. Y entonces decidí luchar, vivir para luchar, aunque no fuera noticia, aunque debiera enfrentar al poder. ¿Y sabés qué? La justicia llegó ayer: cadena perpetua para los oficiales Chávez y Leiva, tus asesinos, tus nunca más impunes asesinos.

Y no, el camino hacia la condena no fue fácil, porque el juicio también se llevó nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestro cansancio, nuestro descanso. Pues además del dolor que llevaré toda la vida, también me queda el miedo, el miedo a esa Policía cordobesa que concentra toda la porquería. Por eso, cuando tus hermanos salían a la calle, antes les pedía que tuvieran cuidado, por si les robaban la moto. Y ahora les digo que tengan cuidado, por si los para un policía, para obligarlos a nutrir la inseguridad que dicen combatir.

Cambian de jefe, sí, pero siguen bajo la misma mugre, mientras vos seguís floreciendo sobre el mismo barro, desde aquella madrugada del 26 de julio de 2014, cuando te fusilaron, sin imaginar que volverías a nacer todos los días, en todos los vecinos, en todas sus anécdotas. Con el tiempo, descubrí que fuiste amigo de todo un barrio y que todo ese amor se volvió nuestro poder de fuego para iluminar a la Justicia, con el apoyo incondicional de Los Cortaderos, que ya enjauló para siempre a los verdugos de mis pesadillas y de los sueños que no pudiste vivir.

Pero anoche,
anoche, hijo mío,
mamá volvió a dormir.

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