22 enero, 2017
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Puentes, no muros

* Por Claudia Korol.

 

Una, diez, cien, mil, millares de mujeres, de lesbianas, de trans, de travestis… Medio millón de gargantas poderosas, gritando en el centro y en todos los costados del monstruo que ¡ya basta! Millares de mujeres puertorriqueñas, centroamericanas, mexicanas, peruanas, argentinas… “Sudacas”, haciéndose visibles, saliendo de la oscuridad, del miedo, del vivir bajo amenaza, del riesgo permanente de ser deportadas, maltratadas, precarizadas, apresadas, asesinadas.

 

Millares de indígenas y negras, migrantes, afónicas, pero poderosas en la revuelta más contundente y conmovedora de las realizadas en las últimas décadas en el territorio imperial, que las desprecia y las expulsa. Un terremoto de mujeres moviéndole el piso al tiranillo, con réplicas en los lugares más variados, desde Australia hasta México y España. Porque el tiranillo es una amenaza para los derechos del pueblo norteamericano, y para los derechos de las mujeres y sectores LGTTBI de ese país. Pero también es una amenaza para los pueblos del mundo, con sus antojos de sangre y guerras.

 

“Puentes, no muros”, parece ser una síntesis del andar alegre y esperanzado, de quienes el día anterior recibieron como bofetada las palabras del presidente Trump declarando la guerra a quienes con su trabajo cotidiano limpian, cocinan, cuidan, la trastienda del imperio. El presidente se burló de las mujeres. ¿Ah, sí? Las feministas, las del “mal humor”, movieron una respuesta furiosa e ingeniosa ante sus insultos. Maullaron su malestar, y salieron a las calles, a las plazas, en todas las ciudades, para burlarse del burlón.

 

La primera respuesta rápida, sin burocracias que las mediatizaran, le estalló en las narices. Millares caminando hacia los cuatro puntos cardinales, y hacia el centro del poder, hablando, mirándose, alertando que ya no hay trampa que valga, que mejor lo repiense el presidente, antes del próximo discurso fascista. Una, diez, cien, mil, millares de mujeres, lesbianas, trans, travas, saliendo de la nada, o del todo, porque por ahí se pudieron ver las ángelas y las janet, las panteras negras y las “gatitas” rosas.

 

Miles de gargantas poderosas, pronunciaron su jaque al rey. Rompieron la soledad. Amenazaron a las políticas de odio, con políticas basadas en el amor, la dignidad, y la lucha callejera.

 

Enero de 2017. Las revoluciones feministas dan la vuelta al mundo. Recién asoman sus rostros y sus demandas. Que se jodan los machistas, los fascistas, los misóginos burgueses, los tiranillos presidentes y los tiranillos del hogar, los potenciales femicidas, los violentos milicos.

 

Alguien se mueve en el mundo. Somos nosotras.

 

Estamos en las calles, solidarias, alegres, rebeldes. Y vamos por más. Para que sepan que no pueden matarnos a todas. Porque nuestra marcha es internacionalista, es mundial. Por nosotras, por nosotres, por quienes hacemos andar el mundo, y podemos pararlo. Porque seguiremos caminando, hasta que todas seamos libres.

 

¡Y después también!

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