2 abril, 2017
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«Están regalando nuestra causa»

* Por Carlos Belloso,
ex combatiente de Malvinas, en suelo argentino.

Pocos días antes de cumplir los 19, en el peor cumpleaños que jamás hubiera podido pasar, yo estaba en Comandante Piedrabuena, donde me habían asignado como soldado de guardia. Era 2 de abril, como hoy, pero en 1982. Y a partir de entonces, me cambió para siempre la forma de pensar, la forma de dormir. Y hasta la forma de cagar.

 

El día que estalló la Guerra, me replanteé absolutamente todo en mi vida.

 
 

 

De ahí en adelante, fue una movilización constante. Al principio, nos enviaron a Río Turbio, en la frontera con Chile, porque creían que se abriría allí otro frente de combate. Luego, vino la orden de ir a defender directamente el aeropuerto de Río Gallegos, aunque me emplazaron a unos kilómetros, en medio de la llanura patagónica, arriba de un cañón antiaéreo. Así padecí dos meses, como parte de la Brigada Mecanizada del Regimiento 24.

 

Por las noches, no podía dormir. Y mucho menos soñar.

 

Junto a mis compañeros, trasladaba infinitas cajas de municiones que pesaban toneladas, pero igual pasaba despierto la madrugada por las alertas rojas permanentes, que significaban la incursión de comandos ingleses en la costa argentina. Pero no fue suficiente. Cuando volví a Buenos Aires, esa misma dictadura egoísta que escondió todo lo que sufrimos a cada momento, me dijo que yo no había estado en una guerra. Y los medios, esos mismos medios que tuvieron un rol clave para que no se supiera la verdad, como siempre, fueron funcionales a los superiores que estaban pensando en su propia estrategia.

 

Y jamás en nosotros, los pibes de Malvinas.

 

Por eso, hoy sigo reclamando a la par de todos los ex combatientes que están acampando en Plaza de Mayo, hace casi 10 años. Porque no, nosotros no peleamos en las Islas contra los ingleses, ni enfrentamos a los gurkhas cuerpo a cuerpo, pero desde nuestro lugar cumplimos órdenes para dar apoyo y defender el territorio argentino durante el conflicto. Y con derecho, seguimos pidiendo por los ocho mil soldados que formamos parte del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur sobre el litoral marítimo, debajo del paralelo 42, en pleno continente, que no contamos con las pensiones correspondientes, ni con el servicio médico social que se necesita para estar sano, luego de haber vivido la Guerra de Malvinas.

 

De los caídos, 17 fueron asesinados en territorio continental.

 

Pero, como todos saben, los soldados siguieron muriendo después del conflicto. Y sin ir más lejos, este año, entre enero y febrero, fallecieron 22 ex combatientes. Sí, 22 en dos meses. Sí, 22 en estos dos meses. Y sí, este gran dolor me retrotrae al acampe, donde había compañeros que morían sin ver su lucha cumplida, ni tener la condecoración por haber ofrecido su vida con tan solo 18 años.

 

Por ellos, también, siento toda esta impotencia que me atraviesa.

 

Lamentablemente, este gobierno encara todo mal. Yo tampoco puedo hablar bien de la gestión anterior, porque nuestro reclamo estuvo siempre frente a la Casa Rosada y no se acercaron ni a decirnos buenos días. Pero, la diferencia, es que el macrismo está regalando la causa, nuestra causa, desmalvinizando y planteando a las Islas fuera del territorio nacional. Por eso, hoy más que nunca, quiero rendir un homenaje a los caídos y a todos los compañeros que, tal como yo, sienten el peso del abandono cuando llega el 2 de abril, no solamente por culpa del Estado, sino también de ciertas miradas que suelen vernos como mendigos. Dicen que sólo nos movemos en busca de una pensión, como si no hubiéramos tenido conciencia, cada uno de aquellos interminables 73 días, de que podíamos dejar la vida por la Patria… A 35 años, queremos la medalla que merecemos, por haber sido parte de una guerra a la que nos obligaron a ir.

 

Hay 649 gargantas, que nunca más dejaremos de oír.

 

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