8 mayo, 2017
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El gatillo difícil de la justicia

Por Julieta Riquelme,
hermana de Jonatan Herrera,
asesinado por la Policía santafesina.

Sólo así, con este nudo imposible en el medio de la garganta, me puedo sentar a vomitar unas líneas en este Día de la lucha contra la Violencia Institucional, esa impune arma letal, para que nos mate la Policía y nos remate el Poder Judicial, ese que disparó la sentencia de tu asesinato. Porque sí, nosotros vivíamos en el humilde barrio Tablada del Sur, en Rosario. Y ahí, justo ahí, en la puerta de nuestra casa, dos fuerzas provinciales se coordinaron para acribillarte ferozmente, ese maldito 4 de enero de 2015. Tenías 23 años, un montón de sueños y un pequeñito llamado Ciro, que acababa de cumplir sus dos primeros meses. Ya sé, ya sé, habías terminado la secundaria y, encima, estabas estudiando para oficial mecánico, por él, por nosotros, por vos. Pero no te vieron, no te quisieron ver. Te pintaron de invisible, para no verte pateando en el Parque Irigoyen, ni alentando a River, ni orando por tu gente, ni escuchando reggaetón.

Te mataron como mata un Estado muy cagón.

Y sí, ahora me resulta imposible olvidar ese primer domingo del año, cuando tuviste el tupé de salir a lavar el auto después del almuerzo, con tu hermano, con tu sobrino, con tu amigo. A las tres de la tarde, en plena luz del día que se volvería negro y eterno, empezaron a sonar las sirenas. Habían robado una juguetería y el Comando Radioeléctrico inició la persecución, hasta que un joven cayó de su motocicleta y salió corriendo. Al oír los disparos, se refugiaron todos, todos, todos menos vos, que apenas pudiste esconderte detrás de un árbol. ¿Te acordás?

Yo no me olvido, nunca más.

Uno de los balazos dio en la pierna del ladrón, que se quedó tirado en la calle a pocos metros de casa, en el mismo momento que llegaban los efectivos de la Policía de Acción Táctica, que continuaron disparando indiscriminadamente. ¡50 veces gatillaron! Y sí, tres tiros te los pegaron a vos, en la cabeza, en el muslo y en el tobillo. Sin pensar, sin dudar, sin mirar, te trasladamos al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, donde nos informaron que ya no se podía hacer nada. ¡Nada! A vos, que nos hacías reír todo el tiempo. A vos, que nunca estabas de mal humor. A vos, que siempre fuiste tan buen compañero.

Justo a vos, te vinieron a robar la voz.

A lo largo de los últimos dos años, el poder político y el poder judicial se burlaron grotescamente de nuestra familia. Intentaron desgastarnos, silenciarnos y negarnos, para que tu causa quedara impune. Y hace unos días escuché la sentencia en los Tribunales, como quien escucha un puñal entrar y salir de su abdomen. Los jueces Juan Carlos Curto, Rodolfo Zvala y Juan José Alarcón determinaron solo 3 años: sí, ¡3 años! Por «abuso de arma agravado por la función», condenaron a los policías Francisco Rodríguez, Luis Sosa y Jonatan Gálvez, mientras que Ramiro Rosales recibió una pena de 6, nada más que 6, tras haberte causado la hemorragia interna que sentenció tu muerte. Pero hay más: a Gladys Galindo, del Comando que te disparó en la cabeza, definieron absolverla, dado que «no se hallaron pruebas en su contra». Oficiales del horror y jueces de la hipocresía.

También le dieron 6 años, al tipo que robó la juguetería.

A fines de abril debieron dar a conocer sus «fundamentos» judiciales, intentando explicar lo inexplicable de la sentencia, pero todavía no pudieron. Seguramente no se atreven. Y tienen razón. Pero sólo cuando tomen coraje para poner la cara frente a nosotros, podremos apelar. Mientras tanto, sólo nos queda gritar, gritar y volver a gritar, aunque intenten callarnos con esos mismos medios que buscan demonizarnos, para que cada pobre se vuelva tirano, mientras le otorgan el 2×1 a cada «pobre ancianito»…

Vos y yo, querido hermano,
seremos un solo grito.

 

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