28 agosto, 2017
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«Lucas era un pibe lleno de dignidad»

El 23 de diciembre de 2016, un policía asesinó de un disparo en la nuca a Lucas Rudzicz, un pibe de 13 años. Como es común, los medios hablaron de un intento de robo  y de un tiroteo. Martín Murua, el policía que disparó, era el custodio del padre Mariano Oberlin. Hoy, el oficial está imputado por homicidio agravado, pero sigue en libertad. El único detenido es Luna, su amigo (27), que estaba en ese momento con Lucas, acusado de robo agravado por el uso de un menor para hacerlo.

 

 

*Por Vanesa Rudzicz, hermana de Lucas.

 

Me veo en la necesidad de escribir estas palabras para limpiar la dignidad de mi hermano. Me veo en la necesidad de salir a desmentir todo lo que han dicho de él. Esas cosas que siempre terminan diciendo de los villeros una vez que los alcanzó alguna bala policial, después de nunca haberlo alcanzado ninguna otra política pública en su vida.

 

Lucas era un chico muy divertido y cariñoso que amaba los autos. Desde chiquito quería ser camionero como sus tíos y su abuelo. Era hincha de Talleres, el 9 del club La Unión de nuestro barrio, Malvinas Argentinas, y, para nosotros, un jugadorazo.

 

En el barrio hay muchas personas laburantes que igualmente deben cargar con la estigmatización a la que nos someten constantemente desde las pantallas y las páginas de los diarios. Por eso Lucas había empezado, a su corta edad, a militar en el Movimiento Popular La Dignidad. Para sacar adelante al barrio, junto a sus vecinos. Ahora nos toca a nosotros salir a la calle a reclamar justicia.

 

Los medios hablaron de un tiroteo que nunca existió. Y dijeron, también, que Lucas tenía “malas juntas”. Hoy pienso que él podía juntarse con quien quería porque esa mala junta, no lo mató. Lo mató una persona que tiene nombre y apellido: Martín Murua.

 

Nos mataron a Lucas, un chico de 13 años. Murua lo fusiló a 80 metros de distancia.

 

Es un asesino que ahora está suelto.

 

La primera información que nos llegó fue que a mi hermano le habían disparado. Imaginábamos que le habían disparado en la pierna. Pero cuando llegamos al lugar nos encontramos con mi hermano tirado muerto en medio del descampado. Lejos de darnos respuestas, lo único que recibimos fueron agresiones: “Rajá de acá, negra de mierda. ¿Quién sos vos?”, me decían los policías que defendian a Murua, mientras me empujaban y tironeaban de los pelos.

 
Eso lo vio todo el mundo, excepto las cámaras que nunca están para mostrar esas cosas.

 

Ahora cambiaron la carátula a “homicidio agravado”. Esto nos tiene un poco más tranquilos, pero no queremos descansar en eso. Sentimos que la justicia se empieza a mover, pero aún queda mucho por delante. Todo esto es fruto de la lucha que estamos llevando adelante los familiares acompañados por distintas organizaciones, para hacer visible el caso. Sin embargo, Murua sigue en libertad y nosotros vamos a hacer todo lo que podamos para que esté preso, y cumpla la condena que le corresponde.

A las familias a las que les mataron a un hijo, queremos decirles que no se queden en su casa por miedo. Tenemos que salir a las calles y contar nuestra verdad. Se tiene que acabar el gatillo fácil.

El 28 de agosto tenemos que marchar todos juntos y demostrarles que acá estamos, y que no vamos a parar hasta que se haga justicia por todos los pibes que nos mataron.

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