21 agosto, 2017
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Luchamos por un mundo sin violencia

 
 
* De Facundo Jones Huala,
para las niñas y niños mapuches.

Que jueguen, hoy quiero aconsejarles, recordarles y desearles que jueguen, porque nosotros dependemos de ustedes, de las pequeñas personitas que habitan todas las tierras. Ustedes son el verdadero futuro y las verdaderas fuerzas que nos inspiran a luchar cada día por un mundo sin violencia, pero sin violencia de verdad. Y por eso, en su día, me nace devolverles toda esa alegría y esa ternura que siempre me dan, pero también regalarles el mejor consejo que me han regalado a mí: escuchen a sus abuelos, mírenlos, admírenlos. Allí, en sus ojos, en sus palabras, en sus experiencias, atesoramos la sabiduría del conocimiento milenario.

No existe nada más importante para nosotros, los mapuches, que todos ustedes y todos ellos. No por casualidad, durante siglos, han sido nuestros queridos ancianos quienes han sabido criar a nuestras nuevas generaciones. Nadie estaba mejor preparado y nadie tenía más amor acumulado. Pues a veces, con todo el cariño del mundo, los padres no estamos lo suficientemente maduros para transmitir los aprendizajes que los abuelitos guardan…

Y lamentablemente, en muchas ocasiones, las hijas o hijos de los militantes terminan criándose con sus abuelos, no por elección, sino porque sus padres parecen demasiado ocupados… ¡Hay que darles pelota! Todas, todos, debemos dejar de enseñar con la televisión, para volver a enseñar con las prácticas cotidianas. O sea, necesitamos poder ser libres, para poder educarlos en la libertad, como mujeres y hombres capaces de subsistir por sus propios medios. No existe otra clave para librarnos de los nuevos colonialismos: hay que seguir educando para la libertad, por un mundo sin represión. Y sin desaparecidos.

Jamás, niñas, jamás, niños, jamás deben avergonzarse de su cultura, de nuestra riquísima cultura, ésa que nos hizo personas de bien y nos hace tan solidarios. Nunca se dejen avasallar. Nunca se dejen subestimar. Nunca se dejen faltar el respeto, porque eso intentan, todo el tiempo. ¿O qué hace este Gobierno que nos persigue, nos mata y nos enjaula, repartiendo camioncitos de Gendarmería? No deben generarnos odio. Apenas, gracia. Apenas, pena.

Porque no, claro que no existe la propaganda buena y la propaganda mala. Sólo existe la propaganda. Y ya. Pero nosotros no somos eso, somos más. Quieren que todos nuestros niños sueñen con ser su mano de obra barata o sus soldaditos armados, en contra de sus propios intereses, pero hacer propaganda con la pureza y la inocencia de las criaturas no sólo es absurdo, también es morboso. Quieren más milicos, porque no quieren más pensadores libres.

Pero, nuevamente, vuelven a equivocarse.
Se piensan que han matado a nuestra cultura.
Y no saben que todavía nos guían esos ancestros.

Allá, donde sus miradas sólo pueden divisar una simple nevada o un ordinario cordero caminando, nosotros vemos señales, leemos mensajes y mantenemos un diálogo con esa naturaleza viva que nos protege, mientras nos regula y nos enseña a carnear o sembrar la tierra, ¡sin quitarnos el derecho a soñar!

Aprendan, aprendan, aprendan.
Y nunca jamás dejen de jugar.

 
 

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