15 agosto, 2017
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Si no hay votos, hay botas…

 

«Fue algo que no se había vivido nunca aquí. Entraron a punta de pistola disparando y disparando. Aguantamos todo lo que pudimos hasta que en un momento hicieron su ingreso los efectivos. Y nos corrieron hasta el río, unos setenta metros, donde nos tirábamos por diferentes partes, por donde podíamos, porque la lluvia de balas no cesaba. Ahí es donde el compañero Santiago no logró cruzar. Porque mientras nosotros íbamos nadando por el río, la Gendarmería nos seguía tirando adentro del agua, con nueve milímetros, con escopetas y hasta con piedras. No le importaba nuestra vida a la Gendarmería. Ellos vinieron a matar a uno acá. Mi compañero nadó hasta una parte, pero al ver que las piedras llovían de arriba, decidió volverse para la orilla. Y ahí es donde otro peñi lo ve al compañero Santiago agarrado de una rama, con el agua hasta las rodillas y los gendarmes arriba. Pero después hay otro peñi más que también ve a tres efectivos de la Gendarmería golpeando a alguien que no logra reconocer… Desde allí, sale el unimog cargado. Sube hasta el cruce de allá, y vemos cómo se atraviesa una camioneta blanca frente al unimog. Varios gendarmes hacen una pantalla para que no se vea lo que están haciendo. Y sí, la camioneta blanca de Gendarmería sale para allá, como rumbo a Esquel… Por eso no hay la menor duda de que se lo llevó la Gendarmería. Ellos lo tienen y ellos son los responsables».

 

Nota completa, en Revista Cítrica

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