3 noviembre, 2017
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Ocho años de silencio

 

* Por Soledad Cuello,
hermana de Yamila, desaparecida en democracia.



Se fue octubre, otra vez, otro mes. Una trata de sacar fuerzas del fondo del silencio, pero se hace difícil. Ocho años sin mi hermana Yamila y sí, la fecha nos paraliza de dolor, pero salimos a la calle recargadas de amor, buscando por algún lado esa sonrisa y denunciando a un Estado que invisibiliza, cuando no se mueve.

Mi hermana fue vista por última vez,
el 25 de octubre de 2009.

Desde un principio gritamos que se investigara como un caso de trata, apuntando a su ex pareja, Néstor Simone, porque un amigo suyo nos confesó que finalmente la habían vendido en La Rioja, para pagar una de sus deudas. No sólo la sometía a una relación extorsiva: en varias oportunidades, la obligaba a tener sexo con otras personas, cuando perdía sus apuestas. ¿Leyeron bien? No sólo la sometía a una relación extorsiva: en varias oportunidades, la obligaba a tener sexo con otras personas, cuando perdía sus apuestas.

A Simone se lo investigó durante 7 meses y se lo sobreseyó de la causa, mientras todos los poderes del Estado utilizan políticamente nuestro dolor: hablan mucho de la lucha contra la trata, pero mi hermana sigue desaparecida, tanto en sus instituciones, como en sus alocuciones. De hecho, el fiscal Enrique Senestrari intentó sacarse la causa de encima, el único caso investigado como trata de personas en Córdoba, pasándola al fuero provincial y modificando la carátula a homicidio. Sin éxito, sin argumentos. Y si, yo también pensaba que la Justicia ya fue, que todo era un espanto…

Pero nunca jamás imaginé,
que podían llegar a tanto.

El pase al Tribunal de la Provincia hubiese significado la previa del cierre, como sucedió con todos los casos de gatillo fácil. Y si consideraban cambiar la carátula a homicidio, le hubieran entregado a mi mamá el cuerpo de mi hermana. ¿No se puede? No se puede. Pero el fundamento de nuestra apelación, la presión y la movilización lograron revocar ese fallo, para que la causa se quedara en Tribunales Federales.

Con todas las voces, con todas las gargantas y con toda esta fuerza que crece cada vez más, seguimos gritando por Yamila, entre cientos de carteles y banderas, todos los días. Pues los responsables de su desaparición deben saber que jamás abandonaremos su búsqueda. Es más, hace poco me preguntaron si permanecería en la calle, una que vez que apareciera mi hermana y yo respondí que sí, porque esta lucha me dejó una enseñanza fundamental, que no se aprende en la universidad, ni en ningún otro lado…

Las víctimas de la impunidad,
siempre son víctimas del Estado.

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