20 diciembre, 2017
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Hoy, Pocho estaría en la calle

* Por Laura Lepratti.

 

Pasaron 16 años de aquel día, cuando la Policía santafesina fusiló a mi hermano. ¿Y saben qué? Hoy, Pocho está más vivo que nunca, porque la realidad que venimos padeciendo en todo el país, ahora evidenciada por las imágenes que salen de Buenos Aires, lo traen a la memoria y lo devuelven a las calles. ¿No lo ven? Si bien algo de todo esto se podía imaginar cuando Macri asumió, cada día se profundiza más el repudio del pueblo a sus políticas antipopulares, mal llamadas «reformas».

 

Para nosotros, una poderosa manera de mantener presente a mi hermano es haciendo y fortaleciendo a la política en paz; sosteniendo discusiones permanentes y luchando sin claudicar, por las reivindicaciones de los trabajadores y por las demandas de los más vulnerables, que siguen siendo los primeros perjudicados. Porque Pocho era así, militaba desde el amor.

 

Quizá por eso, les daba tanto temor.

 

Al ardor de otro aniversario, se suma el fuego de un Gobierno que propone como solución esta represión constante, jactándose de una «previsibilidad» tenebrosa. ¿O acaso ya no se puede salir a reclamar? Por todos lados, veo gente laburante recibiendo garrotazos por haberse animado a gritar o escapando del gas pimienta, por haberse atrevido a mirar. ¿Qué les pasa? Eso no tiene nada de «normal», ¡es gravísimo! Y sí, como hermana de un joven asesinado por las Fuerzas, me indigna ver las razias que están ocurriendo en las comunidades, en las villas, en las movilizaciones… Nos obligan a cuidarnos de quienes nos debieran cuidar.

 

Por eso, no tengo dudas: si este 20 de diciembre, mi hermano estuviese vivo, obviamente estaría ahí, poniendo el cuerpo en la calle defendiendo al futuro, tal como lo hicieron ustedes y todos aquellos que salieron estos días a defender sus derechos. Yo sí lo veo; pensando en la infancia, incentivando al estudio y dándoles consejos a los jóvenes condenados a la exclusión, porque estaba convencido del riesgo que implica no tener acceso a la educación.

 

Pues no ha sido en vano: esa vida que llevó mi hermano, a través de su militancia barrial, forjó su formación y esta conciencia de clase que ahora vemos multiplicándose en la base, encarnada por miles de personas que buscan el camino democrático a la verdadera justicia social. A ese pueblo, en su memoria, hoy le pido fortaleza; que se cuiden y que cuiden a los demás.

 

Que seamos fuertes.
Y que luchemos en paz.

 

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