30 diciembre, 2017
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«LUCHAMOS CONTRA EL OLVIDO»

 

* Por Daniel Cardell, sobreviviente de Cromañón.

 

Aquel 30 de diciembre de 2004, yo tenía 27 años recién cumplidos y una vida en La Matanza, donde me hicieron saber de pequeño que todo me costaría un poco más y que algunas posibilidades, directamente, no iban a estar a mi alcance. Estudiaba Bellas Artes, contaba con una mujer a mi lado que soñaba los mismos sueños que yo y compartía anhelos junto a compañeros que intentaban decir las mismas cosas. Eso era Callejeros, ese proyecto del que fui arte y parte, como escenógrafo.

 

Pero después de Cromañón, nada volvió a ser como antes. La madrugada del 31 de diciembre la pasé buscando a Romina, mi pareja, a quien finalmente pude encontrar a las 10 de la mañana, en el Hospital de Clínicas y en coma farmacológico, con asistencia respiratoria y un drenaje en los pulmones… Hoy tenemos la suerte de seguir luchando juntos, aunque no fue fácil, porque durante su internación comenzó la «posverdad»: periodistas voceros de un relato construido, músicos entregados a la industria por un mejor espacio en el “ranking” oficial y managers que trabajaban bajo las mismas condiciones que los demás, señalando con el dedo inquisidor. Todos actores o títeres necesarios «para continuar normalizando», una normalidad generadora de tragedias, desigualdades y opresiones.

 

La conducta del poder frente a todo lo que ocurrió aquella noche representa un ejemplo de lo que debemos cuidarnos, porque afecta las necesidades básicas para el desarrollo humano. Pues ese mismo poder aplica su rigor sobre jóvenes pobres que carecen de recursos y el Estado sólo ofrece disciplinamiento, mientras algunos intentan encapsular a Cromañón dentro de un boliche clase C, en el barrio de Once, ignorando que pervive en cada rincón del abandono estatal.

 

Desde el primer momento, comprendí que se me venía una lucha de por vida. Perdí mi libertad durante ocho meses y aún sigo cumpliendo esa condena, porque hoy no tengo posibilidad de ejercer la docencia en la escuela pública. Y sin embargo, pienso que la pelea más importante de sobrevivientes y familiares sigue siendo contra el olvido: mantener presentes a las 194 almas es, también, mirar hacia adelante. Pues nada sano se construye desde el odio y el rencor. Por eso, quise acompañar estas palabras con una ilustración que pensamos junto a Mailín Blanco, sobreviviente y hermana de Lautaro, fallecido el 30 de diciembre de 2004. Ahí está nuestro recorrido, siempre buscando un mundo más justo y manteneniendo la memoria viva, porque Cromañón simboliza todas las injusticias… ¡Libertad para Fontanet!

 

La lucha no termina nunca.
Y el recuerdo de los “invisibles” vivirá por siempre.

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