9 diciembre, 2017
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Nafta al fuego

 

* Por Jorge Elbaum,
Presidente del Llamamiento Argentino Judío.

 

El cambio del statu quo pretendido por el gobierno derechista de los EE.UU. en relación a reconocer a Jerusalén como la capital de Israel sólo tira nafta al fuego de la conflictividad en Medio Oriente, humillando los derechos palestinos a su propia tierra y legitimando al gobierno de Netanyahu. La ciudad, en todo caso, podría ser la capital de Palestina al Oriente y de Israel al Occidente, pero debe mantener un estatus internacional diferente, un lugar central de la fe de las 3 religiones: islamismo, judaísmo y cristianismo.

 

Sin embargo, la decisión de Trump está enmarcada en su visión bélica, esa que avala políticas coloniales de la derecha israelí y en ese marco merece nuestro más profundo repudio. Sinceramente, no me sorprendió la decisión, porque había sido un compromiso asumido por el presidente estadounidense con Netanyahu. Además, la derecha israelí norteamericana tiene un lobby muy poderoso que desprecia los derechos del pueblo palestino a tener su estado soberano, con el marco de fronteras. Trump me parece lo más cercano a Hitler en la época actual.

 

En referencia a la comunidad judía en Argentina, así como en el mundo musulmán y en el católico, existe una grieta muy profunda: hay un sector muy grande que queremos la paz y defendemos el derecho de Israel y Palestina a tener dos estados soberanos, cooperando uno al lado del otro, lejos de la política guerrerista. Otros, al contrario, priorizan el negocio con la venta de armamentos, utilizado para imponer su política internacional. Esas posiciones encontradas también se dan dentro de Israel, donde la tercera parte de la población ve con horror las políticas desarrolladas por su gobierno. De hecho, el tercer partido en importancia es una alianza judío-árabe, que tiene 14 diputados de la izquierda comunista israelí, grupos islámicos religiosos y otros árabes laicos.

 

Las novedades en la causa AMIA van en el mismo sentido de lo que pasa a nivel internacional, porque cuando Argentina intentó a través de la firma del memorándum lograr que los acusados den testimonio y así continuar el juicio, la derecha israelí y norteamericana se abroqueló cuestionando al gobierno nacional. Lo mismo está haciendo Trump en la actualidad, queriendo dar por tierra el memorándum que firmó en 2015 Estados Unidos con Irán, llamado 5+1 porque también lo rubricaron Rusia, China, Gran Bretaña, Alemania y Francia, en un acuerdo histórico nuclear.

 

La diferencia con lo que está pasando acá es que, por ahora, Trump no intenta mandar preso a Obama. En ese sentido, la decisión del juez Bonadío, quien fue apartado de la causa AMIA en 2009 por encubrirla, es una vergüenza jurídica, una payasada que no resiste ningún análisis, entre otras cosas, porque no hubo delito: el memorándum no se ejecutó ya que Irán no lo aprobó. Pero, en caso de haber habido delito, entonces se debería encarcelar a los doscientos legisladores que votaron a favor, en el marco de la ley de aprobación del memorándum. Es decir, estamos frente a un estado de excepción que busca construir una línea de humo ante un desastre económico que sólo genera más deuda e inflación, mientras los costos los pagan los más pobres, los jubilados y los trabajadores.

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