5 diciembre, 2017
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Un pedazo de Premio Nobel

Algunos premios dan prensa, otros dan vergüenza, otros dan orgullo y otros dan identidad, porque no nacen del chamuyo, ni de la publicidad, ni de la boca de jarro: nacen del barro. Premios que apagan la oscuridad, naufragan entre olvidados o empalagan la garganta, pero no pagan la luz, entre secuestrados y desaparecidos de la Santa Cruz. Pues allá vamos otra vez, 40 años después, desafiando al umbral del Nunca Más y volando hacia la misma dignidad, sobre una posverdad cadavérica: hoy nos entregarán el «Memorial para la Paz y la Solidaridad, entre los Pueblos de América». Del Serpaj para La Poderosa, será otra brújula para la carroza de ninguna Cenicienta, ésa que marcha ahora como marchó en los 90, por tantos caminos estrechos, no para exaltar un nombre, sino para gritar junto a la Liga por los Derechos del Hombre, mediante Carlos Zamorano; a los familiares y amigos de Luciano; al Padre Pepe, que nos abrió un corazón y mil oídos; a la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos; y al empoderamiento de los villeros que alzan el puño de la Isla Maciel…

 

Nuestro reconocimiento a los compañeros.

Y nuestro agradecimiento para Adolfo Pérez Esquivel.

 

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