5 enero, 2018
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«LAS OTRAS MEJILLAS»

 

* Por Carolina Campos, madre del niño wichi baleado por la Policía de Formosa.

 

Nuestro año nuevo comenzó igual que finalizamos el 2017: reprimidos. Y no, no dejaron pasar ni un día, porque ya el 1 de enero recibimos otro feroz ataque policial, que se puede comprobar mirando esas fotos. ¿Las vieron bien? Ese es mi hijo. Tiene 10 años y un balazo en la cara, que no olvidará nunca más. 

 

Hace una década nos establecimos en el barrio Cincuenta Viviendas de Ingeniero Juárez, donde toda la comunidad wichi sufre a diario el amedrentamiento de las Fuerzas. Expulsados por las permanentes amenazas y los sistemáticos atropellos para desalojarnos, muchos vecinos debieron irse, para no perder lo poco que tenían. Miedo, se llama, miedo real, miedo de Estado, miedo que le consta perfectamente al intendente Rafael Nacif, que ha escuchado nuestros gritos durante todos estos años, sin que absolutamente nada cambiara. Aquí llegamos. Hoy, ya no podemos salir a trabajar ni a buscar comida, porque vivimos en el terror, prácticamente encarcelados, encerrados en el temor que sembraron sus uniformados.

 

Así, bajo esta sensación de supervivencia constante, este último lunes, cerca de las 18, tres policías se movían caminando por el barrio. Y repentinamente, un efectivo insultó a uno de los niños que jugaban frente a la plaza. “Mataco sucio”, le gritó, como de costumbre. Los chicos reaccionaron. Y las mamás también, hartas, indignadas, dolidas. Pero la respuesta genuina desencadenó la represión, otra, nutrida por más y más oficiales que disparaban para todos lados. No hirieron a una persona, hirieron a diez. Y no hirieron a «un menor», hirieron a mi hijo.

 

Jonatan se había quedado en casa, cuidando a su hermanita. Se asomó a la vereda, porque oyó gritos y disparos, pero ni bien salió, le dieron. Un balazo en la mejilla y otros dos en el pecho, con balas de goma. Desesperados, lo llevamos hasta el hospital local, donde le hicieron una curación así nomás, le entregaron unos antibióticos y lo mandaron de vuelta a casa. Un trato inhumano e increíble, aunque no tan increíble cuando escuchamos los relatos de todos los demás. Pues nosotros no molestamos a nadie, no queremos problemas y por eso le pedimos al Gobierno formoseño que pare la mano, porque así no se puede más…

 

Sólo reclamamos paz, para nuestra comunidad. 
No necesitamos sus Fuerzas.
Y mucho menos esta «Seguridad».

 

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