12 julio, 2018
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«René Favaloro, ese grito desesperado»

 

 
 
*Por Domingo Favaloro,
primo de René y médico psiquiatra.
 

Hoy cumpliría 95 años y recordarlo, también, es tener memoria de todo el árbol genealógico. Formó parte de una familia de doctores: somos la única en la ciudad de La Plata que desde 1920 tiene siete médicos, en tres generaciones. Se sentía uno más, nunca quiso sobresalir y a diario recordaba nuestros orígenes, muy humildes. En cualquier lugar del mundo donde estuviera hablaba de Mondongo, el barrio donde se crio.
 

Ya pasaron 51 años desde que revolucionó a la medicina con el descubrimiento del bypass, porque indudablemente cambió el pronóstico de las enfermedades cardíacas: ahora se puede resolver un problema que antes era mortal y que la gente goce de una vida normal. Siempre planteaba que «el médico que no es humanista no merece ser médico» y hacía honor a sus palabras, pues jamás preguntaba a los pacientes por su situación económica. Luchaba contra la pobreza y para que todos tuviesen un devenir digno. En el mismo sentido, peleó contra los grandes países belicistas: “La plata que se gastan en armamento se podría disponer para solucionar los problemas de salud del mundo”.
 

Con tal de volver a su país renunció a la clínica de Ohio, en Estados Unidos, para llevar a cabo todos sus proyectos acá, aunque lamentablemente no los pudo cumplir como pensaba. La deuda inmensa que tenía el PAMI en el 2000 con la Fundación fue la gota que rebalsó el vaso, porque en los ’90, con Víctor Alderete a cargo del Instituto, debía a René 4,5 millones de pesos. En su momento fue a verlo y le prometió que saldaría la deuda en 48 horas. Sin embargo, eso nunca sucedió.
 

La decisión de dispararse justamente al corazón el 29 de julio del 2000 nos dolió muchísimo. Suicidarse… en realidad inmolarse sería la palabra correcta, tuvo como fin llamar la atención sobre la crisis que estaba atravesando el país. Bien dice una frase propagada en los últimos años, que mi primo representó “un grito desesperado ante una Argentina sorda”. En la carta final escribió que no le auditaban las operaciones. ¡Justo al inventor del bypass no se las pagaban! Era muy sabio, repetía una y otra vez: «Si los espero a ustedes, el paciente se muere». Y fue él quien terminó quitándose la vida.
 

Después de su muerte no volví a tener contacto directo con la Fundación, sin embargo, a niveles generales hoy estamos en una situación similar a la época en la que René ejercía. Él era un visionario que advertía cómo se iba deteriorando el sistema sanitario con el correr del tiempo, lo cual se vislumbra en la actualidad: no son casuales los despidos de los trabajadores en todos los establecimientos sanitarios ni la falta de recursos en la mayoría de los hospitales públicos, por las escasas partidas que designa el Ministerio de Salud.
 

Por su enorme obra, debemos tenerlo presente hoy, cada día y todos los meses.
Porque olvidar a René, es matarlo dos veces.

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