6 agosto, 2018
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Autovía de montaña o cómo hacerse el sordo ante el estruendo del reclamo popular

 


 

Hace un buen tiempo que la comunidad de las Sierras Cordobesas viene batallando contra el avasallamiento de su derecho a decidir sobre las obras públicas que modificarán su hábitat. Desde la proposición del proyecto llamado “Autovía de Montaña” hace dos años, cuyo primer tramo ya está construido, se desarrollan múltiples actividades de concientización, paneles de especialistas y damnificados, y diversos actos para mostrar el desacuerdo con este emprendimiento.

 

Para legitimar la megaobra que en un principio se presentó a la ciudadanía con un puente sobre el Lago San Roque, el gobierno provincial encargó un estudio de impacto ambiental al IISPI (Instituto de Investigación de Servicios Públicos e Infraestructura), que pertenece a la Universidad Nacional de Córdoba. Sin embargo, el Honorable Consejo Superior universitario aclaró que la opinión técnica del IISPI no es la postura oficial de la casa de estudios. Consultado sobre este tema el biólogo Raúl Montenegro de FUNAM (Fundación para la defensa del Ambiente), señaló varias de las irregularidades que afectan al informe citado: “Hay un planteo ilegal por parte del gobierno. Es un proyecto largo y lo dividieron dolosamente en fragmentos para evitar dificultades administrativas y reacciones públicas”. Este punto es señalado por las asambleas ambientalistas como evaluación estratégica que contempla la previsión total de los daños en las intervenciones desarrollistas.

 

En cuanto a los daños concretos el estudio del IISPI, según Montenegro, “no consideró que destruye bosque nativo dentro de zona roja, donde no se permite esta actividad. Cuando se habla de zona uno debe tener en cuenta la biodiversidad: son miles las especies que viven dentro. Uno se imaginaría que con plantar árboles lo resuelve, pero no es así. De todos modos, lo real es que en ese lugar la autovía ya ha destruido vegetación nativa en zona roja. Y el proyecto tiene previsto más destrucción en tramos restantes”, afirmó. Entre otros puntos, el biólogo destacó que proyecto “rompe el funcionamiento de las cuencas hídricas y de vertientes que han sido tradicionales en la zona. Ya con la construcción del puente, con un muro al estilo de Trump en la frontera mexicana, directamente es un obstáculo para el sistema de drenaje del agua”.

 

Y concluyó: “Ni hablar del impacto en el paisaje de las sierras. Es angustiante ver los pilotes de esa monstruosidad faraónica”.

 

Hay que aclarar que, en diciembre del año pasado, el gobernador Juan Schiaretti inauguró las obras de construcción del puente. Pero recién en mayo de este año se convocó a la audiencia pública prevista por la ley provincial 10.208 para analizar el estudio de impacto ambiental cuyo fundamento técnico lo daba el mencionado IISPI. Es en esta audiencia donde la participación ciudadana y las asambleas serranas desnudaron la impericia e ilegalidad del argumento estatal, cuyas transgresiones apuntan fundamentalmente a cuatro alertas: el desmonte en zona de máxima emergencia, la destrucción de cuencas hídricas, peligro de contaminación por cercanía del yacimiento de uranio Rodolfo y modificación irreversible del paisaje natural, fuente de atractivo turístico. Sin mencionar el peligro que corre el patrimonio cultural de potenciales existencias paleontológicas de piezas comechingonas aún no detectadas pero cuya zona histórica podría conservar las profundidades del suelo.

 

Al igual que el aval pretendido de la UNC, la Central Nacional de Energía Atómica advirtió que, si no se tocaba el material mineralizado del yacimiento de uranio de la zona, no habría problema. Esta afirmación contrasta con especialistas como el ingeniero civil Eduardo Esparza quien en declaraciones mediáticas marcó incongruencias: “En palabras del informe se dice que no se realizarán excavaciones, pero en la gráfica de los planos hay excavaciones profundas, anchas y largas».

 

Detenernos en los pormenores de esa audiencia que duró ocho días en Santa María de Punilla, del 11 al 18 de mayo, y cuya lista casi alcanzaba el millar oradores, nos orientaría en la situación político social de la autovía de montaña. La muy breve anticipación obligatoria de veinte días para difundir la convocatoria obligó a los vecinos a interponer recursos de amparo y medidas cautelares para la postergación de la audiencia. Claramente los resortes judiciales hicieron caso omiso y como reza una carta abierta que las asambleas hicieron circular, los participantes asistieron “con mirada atenta y con información técnica de alto nivel, con numerosas asambleas de vecinas y vecinos muy bien informados, argumentos sólidos para defender nuestras sierras y con la claridad de que hay otras opciones de trazado para una Autovía que no nos atropelle”.

 

Los expositores a favor del proyecto oficialista se acumularon al principio, pero la abrumadora mayoría de las reacciones opositoras fundamentadas abatieron el apoyo de los intendentes cuyo argumento de la conectividad en el transporte palidecía ante la contundencia cívico y ambiental.

 

Finalmente, con las consideraciones del presidente de FUNAM, quien contribuyó con un demoledor documento presentado a la histórica audiencia pública, podemos vislumbrar los motivos subyacentes de la actitud autista del gobierno: “En Córdoba las obras no se hacen por necesidad de la gente, la mayor parte de ellas son fomentadas por los intereses de las empresas constructoras. Es muy fácil porque siempre va a haber alguien que necesita una ruta. El problema es que en los lugares donde hay funcionarios inteligentes y socialmente alfabetizados estas cosas no pasan. Pero cuando los funcionarios son ineptos e indiferentes a lo que sienten los pobladores, el resultado es esta obra de la Autovía”, afirmó el ganador del Premio Nobel alternativo.

 

Sólo la participación ciudadana y la actitud asamblearia nos permite armarnos en argumentos científicos. Y sólo la discusión pondrá el límite a la imposición política conservadora, como ya lo hizo en Córdoba con Monsanto y la modificación a la Ley de bosques.

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