30 noviembre, 2018
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La resistencia como instinto de supervivencia

 

* Por Stella Calloni,
para la Garganta Poderosa.

 

 

Cuando dijo que Argentina había “regresado al mundo”, Mauricio Macri ya nos estaba presentando este G20, sin importarle que nuestro pueblo debiera pagar el costo, sin percibir ningún beneficio. Casi espectador, un actor secundario de su propio show, pretende mostrarse como líder global, gastando millones de dólares para la escenografía de guerra de un mitin absolutamente ajeno a los intereses de América Latina. Lejos de cualquier avance, dispara un retroceso en materia de soberanía, pero además agrava la situación favoreciendo las importaciones de China, que representarán el cierre de más empresas nacionales. Y entonces sí, ahí estará la foto, para decir que aquí está el primer mundo.

 

 

Justo aquí, en el cuarto.

 

 

Sus papelones diplomáticos parecen tragicómicos, pero debemos darnos cuenta cuántos kilos de pan se nos van en todo este circo. Porque sí, este G20, representa una verdadera burla, una postal del absoluto desprecio que sienten por nuestra sociedad, absolutamente ignorada y marginada ante los ojos de una prensa ciega y servil que tampoco se alerta frente al intervencionismo que se sigue expandiendo por toda la región. De hecho, por si quedaran dudas, ayer habló la directora del FMI, como si fuera la ministra de Hacienda: “Estamos pasando momentos difíciles, pero en el segundo trimestre del 2019 se podrá ver algún cambio”. Vocera de una operación que trasciende la entrega de nuestra soberanía, Christine Lagarde vino a ponerle su marco a otra guerra contrainsurgente, que ahora trae sistemáticos golpes blandos, golpes jurídicos y golpes parlamentarios.

 

 

Mientras tanto, la gente sigue sufriendo una de las mayores crisis que jamás hayamos tenido, con tantos aires de 2001. Sin exagerar, hoy estamos al borde de lo tolerable, con el desempleo que crece y la plata no alcanza. Entonces necesitan esta Buenos Aires, una vitrina falsa, una marquesina iluminada capaz de proyectar una imagen inexistente, para que los ojos del mundo no se detengan en la oscuridad que nos envuelve. Por si acaso, en paralelo, este encuentro destinó millones y millones en compras de armas para disuadir manifestaciones y garantizar el control social, sin blanquear los montos que se le pagan a la inteligencia israelí para custodiar esta cumbre, también decorada por el FMI.

 

 

¿Cuántos jardines nos gastamos ahí?

 

 

No fue casual, tampoco, la perversa noticia que recibimos ayer: a pocas horas de comenzar el G20, deciden cerrar el caso Maldonado, para cerrar los pronunciamientos que distintas delegaciones acercaban exhortadas por los organismos internacionales de Derechos Humanos. No fue casual: borraron su nombre. Y por eso, hoy más que nunca, debemos salir todas y todos a la calle, expresando la mayor unidad posible, contra el descaro del G20. Sin dudas, vivimos un momento clave para nuestra Patria Grande, donde la resistencia brota como instinto de supervivencia, para no confundir a los enemigos, que nos vienen a compartir su moral.

 

 

No son amigos.
Son el nuevo proyecto colonial.

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