4 diciembre, 2018
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El doceavo clásico cordobés

 

Ahí, inmersa entre el canto de la tonada, la fuerza que echó a Monsanto de una patada, la transa delasotista y la alianza macrista que juegan con un mismo mazo, los papelitos del Corbobazo, la prensa que desinforma, la especulación inmobiliaria y la aguerrida defensa de la Reforma Universitaria, reside en esta islita mediterránea una potencia subterránea para dar vuelta todo, de raíz. Y ahora, se extendió por cada recodo del país, brotando por los poros de una patria baja que no se relaja ante esa dictadura del mercado que nunca que se acaba, que siempre se parcha, y que se vigila con cachiporra: El 23 del pasado mes, estalló la doceava Marcha de la Gorra.
Convertida en uno de los más famosos ritos de la ciudad, inició cuando un puñado de jovencitos con dignidad resistía al mote de “peligroso” que los enviaba al trote al calabozo por el delito de “merodear” en una calle que, para la policía, no les pertenecía. ¿Y a los blanquitos que merodeaban, también los disciplinaban? No, porque esos caminaban.
Escarbando estadísticas palmarias que acusaban miles de detenciones diarias, se dieron cuenta de que el color de piel no era lo único que activaba a la discriminación y sus brutales protocolos: los pibes de barrio no estaban solos, y se sumaron a los carnavales las militantes, las feriantes, los carreros, los artistas callejeros y las sexualidades disidentes: realidades conscientes de su realidad, en una movilización multicolor que denunciaba un terror que quemaba.

 

 

 

Y el dolor, se multiplicaba.

 

¿O por qué ahora nuestro grito devino movilización nacional? Porque ser pobre es delito, más allá de la legislación provincial. Porque las balas del Estado cierran el destino de nuestras villas con mayor velocidad: cuando lo mató la policía cordobesa, Santino Cabanillas tenía un año y nueve meses de edad. Pero también era joven Kevin Benega, cuando lo asesinó en Buenos Aires una zona liberada o Facundo Ferreira, cuando le disparó la Policía de Tucumán drogada. Pero atención, que la dignidad nunca muere; eso es un mito: dictaron prisión para los asesinos de Güere y a quienes torturaron los testigos en el caso de Fabián Gorosito.

 

 

 

Y sí, la caravana se federalizó, con un Gobierno Nacional que caza pobres por deporte siguiendo el libreto del norte, que instala que los peores criminales son los migrantes y que vende que las organizaciones sociales son narcotraficantes y que se arrodilla ante sus amos durante la fantochada del G20…

 

 

 

 

Como hace doce años, merodeamos en manada, masivamente.

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