12 diciembre, 2018
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Inaugurando Sueños Revolucionarios

 

El pasado 8 de Diciembre en Fiske Menuco construimos nuestro propio pesebre, con nada más y nada menos que el calor de nuestra gente cumpliendo utopías. El contexto es duro, sí, por eso un día decidimos planificar nuestro futuro y dejar de comer las migas de quienes mastican nuestras expectativas. Pues la necesidad se hace carne en los pueblos del sur, y por ello construimos este SUM, un salón comunitario para los pibes y las pibas del barrio. Ya que “ellos”, los miserables de corbata de “arriba”, quienes deberían ser para el pueblo una garantía, no son más que, junto a sus gastados discursos, una mentira.

 

No fue fácil, no. Llevó mucho tiempo de laburo. Manos de estudiantes y vecinas sin experiencia en la construcción, pero aquí pudo más la convicción.

 

 

Un hombre nuevo dijo una vez: “prefiero morir de pie que vivir de rodillas”. Hoy se escribe entre comillas lo que señaló aquel mártir revolucionario, ese que nos prestó su identidad, aquel barbudo legendario. Y con la fuerza y visión de su aventura, tomamos su bravura y decidimos desafiar a la pobreza, olvidar la pereza y crear nuestra propia fortaleza: una trinchera que con decisión y carácter innegociable será desde hoy nuestro pequeño refugio contra el neoliberalismo deplorable.

 

Durante cuatro meses no sólo mezclamos cemento y levantamos paredes, también forjamos lazos sin importar el tono de nuestras pieles.

 

 

Acá, en el barrio Fiske Menuco construimos nuestra defensa, en un terreno regado por el sudor de hombres y mujeres, con esfuerzo y persistencia. Acá se sienten las ausencias, pero más aún se recuerdan las dichosas presencias. Acá está nuestro humilde monumento con el que rememoramos a los que ya no están en este momento:  nos acordamos de Santiago, de Rafael Nahuel y también de Marielle; con el corazón en la mano, nunca nos olvidamos de Luciano y de los 30.000 que se llevaron, de Darío, de Daniel y Gualberto Solano; de las mujeres víctimas de la violencia machista de todos los días, de Carlos, de Sandra, de Rubén, y de Kevin también.

 

 

Con el coraje de Juana, aquella peruana que hizo frente a los españoles, hoy asumimos nuestros roles y nos plantamos en el barrio llevando la resistencia y humildad como corolario. Pues lo que fue una utopía ya quedó en la lejanía, y a pesar de las adversidades -lluvias, fríos y calores insoportables-, erigimos un salón que lleva como insignia una moto y un legado guevarista.

 

¡Adelante, vengan a conocer nuestro trabajo voluntario, una nueva trinchera de resistencia llamada Sueños Revolucionarios!

 

 

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