4 febrero, 2019
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«Golpes de calor»

Desde la prisión, escritoras y escritores privados de la libertad nos sopapean de realidad detallando lo inhumano de sobrevivir al verano, dentro de un sistema carcelario que provoca, agobia y sofoca. ¿Dónde denunciar la falta de luz recurrente? ¿En qué esquina protestar la escasez de agua permanente? ¿Quién no enloquece en cana, sin ventilador ni ventana? ¿Cómo no volverse loca o chiflado, cuando hasta el aire es condicionado?

 

 

 

 

 

“El peor lugar para vivir el verano es un penal. Como el agua se corta tratamos de mantener el piso húmedo para estar un poco más frescos, con el hilito que sale de la canilla. Además, pasamos la noche a oscuras y es muy difícil conciliar el sueño, te ahoga la alta temperatura. Apenas corre algo de aire por las ventanas y casi nadie tiene ventilador. El Servicio Penitenciario sabe lo que sufrimos, pero no hace nada”.

Andrés Cornejo, Unidad Penitenciaria N°4, San Rafael, Mendoza.

 

 

 

 

 

“La cárcel se está cayendo a pedazos, el edificio es muy viejo, la humedad es impresionante y filtra por todos lados. En verano el peor lugar para estar es el pabellón. Todas nos ponemos muy irritables por el calor y el amontonamiento. Así, se hace insoportable el día a día. ¡El verano es la muerte!».

Viviana Blanco, Centro Penitenciario de La Plata, Unidad 8, Buenos Aires.

 

 

 

 

 

«Esta época es asfixiante. Sufrimos el calor, los bichos, pero lo peor es la falta de agua. Y si no nos quejamos, ni cabida. Hay semanas que pasamos tres días sin luz, aunque desde el Penal sólo prenden el generador un ratito a la mañana y otro por la tarde. ¿Para nosotros? Jamás. Los peores lugares son los buzones, donde te meten al ingresar o cuando estás castigado. Son cuartos de 2×2 donde el agua no existe y si tu familia viajó varias horas para verte, no la dejan pasar porque te mantienen encerrado”.

Fernando Pais, Unidad 36, Magdalena, Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

“A veces pensamos que nos vamos a morir, literalmente, de calor. La pesadez del aire nos aplasta, pasamos siete horas por día sin agua y tenemos horarios muy escuetos y estrictos para bañarnos. Por la ventana sólo entran mosquitos, nada de aire y se hace imposible dormir”.

Hernán, Unidad Penitenciaria N°16, Pérez, Santa Fe.

 

 

 

 

“Acá adentro nos agobiamos. Pocas veces nos dejan acceder a la canilla y cuando realizan el mantenimiento del tanque, le ponen muchísima lavandina y ni podemos bañarnos. Para las 66 mujeres del pabellón nos dan un máximo de ocho bidones de agua por día y contamos con cuatro duchas. Sólo hay una heladera y dos freezers, y tenemos ventilación, pero el Servicio Penitenciario no lo prende”.

Gisela, Unidad Penitenciaria N°5, Santa Fe.

 

 

 

 

 

“Alborotar los pabellones cuando se nos corta el agua es la única manera en que el Servicio Penitenciario trate de buscar una solución. La ventilación es insuficiente y cualquier parte del penal en verano es insufrible, pero la peor es la sala de visitas: un lugar muy chico y encerrado, te sofoca estar ahí».

Cristofer Penacho Suárez, Complejo Penitenciario N°2, Devoto, CABA.

 

 

 

 

“Cuando llega el verano la cárcel se vuelve inhabitable: celdas sin ventanas ni ventiladores, algunos sectores ni siquiera tienen baño y menos aún ducha; encima, cada tanto, se corta el agua. Dormir se hace imposible, paso las horas transpirando y pensando cómo estarán mis hijos afuera…».

Renzo Ramón Paniagua,
Unidad Penal N° 7, Gualeguay, Entre Ríos.

 

 

 

 

«La temperatura que hace es insoportable porque el lugar lo construyeron con laja. El establecimiento lo inauguraron en agosto y las celdas que hicieron son para 2 personas, con una ventanita muy muy chica, donde no corre ni una gota de aire. El agua que sale de la canilla es muy salada, intomable”.

María, Unidad Penitenciaria 5, Santa Fe.

 

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