8 mayo, 2019
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«Las Taser son sinónimo de tortura»

* Por Estela de Carlotto.

 

Soy docente, madre de cuatro hijos, Abuela, y amo a los niños y a los jóvenes. Por eso entiendo que es nuestra obligación como adultos no desampararlos. Pero, ¿cómo hacer con la expansión de la pobreza, el hambre y las drogas? Poco se busca a los verdaderos responsables. Hay un abandono constante a la adolescencia, y en vez de rastrear el origen de la cuestión, se los castiga queriendo bajar la edad de punibilidad o violentándolos a diario.

 

El Estado no quiere hacerse cargo, entonces castiga.

 

Hay mañanas que me despierto con la imposible ilusión de escuchar una buena noticia y lamentablemente no la encuentro. Hoy es el Día Nacional de la Lucha Contra la Violencia Institucional y ayer amanecimos con otra mala nueva: la implementación de las armas electrónicas Taser, que servirán para implementar el miedo en la calle a través de equipos letales. Es realmente escabroso, inhumano. ¿Quiénes serán destinatarios? Ya lo sabemos de antemano: las desposeídas, los pibes de los barrios periféricos. Cuando la ministra Bullrich las autoriza, está diciendo “disparen a un supuesto o posible delincuente, pobre y joven”. En síntesis, las Taser son sinónimo de tortura y hasta pueden generar la muerte. Por eso las Abuelas de Plaza de Mayo denunciamos esta práctica.

 

Las Fuerzas de Seguridad en Argentina están atravesadas por la segregación a las morochitas, a los mapuches, a las villeras, a “los peligrosos”, según su discurso. Esa injusticia social está perfectamente ejecutada por el Ministerio de Seguridad. De hecho, si finalmente logran implementar la Baja, dentro de poco tendrán que nacer las y los niños con un Hábeas Corpus bajo sus bracitos, para defenderse. Estas ideas malsanas las impulsan quienes no tienen alma, sentimientos ni corazón. Y somos los ciudadanos quienes debemos cuidarlos, discutiendo y evitando su sanción en el Congreso.

 

Hoy el país tiene un gobierno legal pero que lleva más de tres años de decepciones, engaños y mensajes siniestros desde el mismo día que empezó. Mauricio Macri nos está dejando una deuda externa enorme, la inflación por las nubes, el costo de vida altísimo, despidos constantes, el cierre de pequeñas y medianas empresas y sueldos que no alcanzan para la gente; todo eso también es violencia institucional. ¡Y cada vez de manera más brutal y a mayor escala! Ojalá el Señor Presidente nos citara para hablar seriamente del bien del país, en lugar de mostrar un decálogo que dice cómo debemos responder ante el Fondo Monetario Internacional.

 

Estoy cansada, pero confío mucho en nuestro pueblo. Y, sobre todo, creo en una juventud en constante lucha, que no tengo dudas nos llevará a despertarnos con buenas noticias.