23 octubre, 2019
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En mi país la gente no aguanta más

 

Por Patricio Contreras, actor chileno.

 

El viernes pasado miraba en las noticias cómo los jóvenes protestaban contra el aumento de las tarifas de transporte, saltando molinetes, interviniendo con carteles y cantos, yo estaba en viaje desde Santiago para Argentina. Luego me enteré del toque de queda y sentí escalofríos en todo el cuerpo: se me vino a la mente esa misma imagen de las calles desiertas, como cuando yo era joven. En mi país la gente no aguanta más. Son 30 años de ostentación y un completo descuido hacia el pueblo; con sueldos irrisorios, jubilaciones míseras, una educación pública muy precaria y un desfinanciamiento tal que no te podés ni enfermar porque no hay manera de atenderte en los hospitales. Entonces, te ves obligado a sacar créditos para costear todo desde el sector privado, con productos importados… Mientras, la economía, cada vez más flaca, vive de la minería, la pesca y la madera.

 

A mis 27 años, viví el Golpe de Estado de Augusto Pinochet. En ese entonces parecía una película de ciencia ficción; las ciudades estaban vacías en determinados horarios y de repente, en media hora, se llenaban de gente con total “normalidad”. Me exilié el 5 de marzo de 1975 y al año siguiente también se inició una dictadura en Argentina, eso me confundía, no sabía qué hacer. Fueron años de mucha zozobra para mí y estos días volví a ver militares y carabineros en las calles, arrasando con cuerpos e identidades. Hoy este «Estado de Emergencia» en mi país me causa mucha tristeza e incertidumbre por lo que pueda derivar, por esas similitudes que veo.

 

Pero por suerte y, como siempre, los jóvenes son la satisfacción en la historia. Son quienes vienen a interpelarnos para cambiar las cosas. No hay una guerra en Chile. La fuerza y la perseverancia en la calle hizo que Sebastián Piñera apenas recapacite y hable de una “falta de visión”, es necesario que convoque de urgencia a una asamblea constituyente para retroceder y cambiar la Constitución Nacional con un objetivo común. Que haya 17 muertos deja claro que hoy sigue gobernando el mismo brazo civil de la dictadura. Los ministros y funcionarios del Presidente están vinculados con aquel régimen y por eso nos sigue rigiendo la Constitución de Pinochet a pesar de los gobiernos de izquierda que pudimos tener. Estoy abatido, me duele mi país.

 

La juventud en las calles nos está gritando que si seguimos así no tendrán futuro, pero no solamente en Chile sino en diversos puntos de Latinoamérica, donde vemos con espanto que sus vidas van a ser peor que la de sus padres y por eso luchan. En otros países, como pasó en Perú o Ecuador, también se impuso la economía de mercado como aquí con este gobierno; ya sabemos que condujo a la misma desgracia. Y aunque admito que imaginaba que esta brisa de derecha librecambista iba a durar más, veo cómo en Argentina se está viniendo para abajo, afortunadamente, gracias a los movimientos sociales. Aunque nos pese, aquello tan inconcebible como militarizar el país sigue ocurriendo y lo estamos viendo. Pero, ¿saben una cosa? El Nunca Más no es en vano, es la resistencia y la eterna insistencia de la memoria. Y el pueblo ya aprendió que es quien escribe la historia.

 

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