11 noviembre, 2019
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Nadie se suicida en una comisaría

 

 

*Por Mariana Bordoy, madre de Kevin Pacheco, asesinado en la Alcaidía de Marcos Juárez, provincia de Córdoba.

 

Kevin era un adolescente muy compañero con sus amigos, en la escuela y en el barrio, muy sociable. Le gustaba cocinar y bailar cumbia cruzada. Estudiaba en la Escuela 515 de Villa Gobernador Gálvez, a la vuelta de casa. Cursó toda la primaria y cuando estaba por pasar a cuarto año dejó la secundaria. Tiempo después empezó a estudiar refrigeración, porque le interesaba ese oficio. A los 16 años perdió su ojo derecho y le colocaron uno ortopédico, eso lo deprimió y empezó a tratarse con un psiquiatra. En esa época tampoco conseguía trabajo, lo que hizo que decidiera irse a la ciudad de Leones, provincia de Córdoba, a trabajar con Severino, un amigo de nuestra familia que lo ayudó mucho. Todos los domingos y lunes volvía a Gálvez.

 

El 9 de mayo de este año me avisaron que habían detenido a Kevin en Leones al salir de un almacén al que había ido con Severino por una supuesta contravención. Viajé hasta allá y cuando llegué a la Comisaría me dijeron que se encontraba incomunicado, pero que estaba bien y que a la noche lo iban a trasladar a la Alcaidía de Marcos Juárez. Sus respuestas fueron puras burlas, no me dejaron verlo a pesar de que llevé las constancias que acreditaban que estaba bajo tratamiento psicológico y psiquiátrico. Al día siguiente llamé por teléfono pero no había responsable que me pudiera atender ni brindar información.

 

El domingo 12, cerca de las 03:30 hs., me llamaron de la Alcaidía para decirme que la noche anterior mi hijo se había suicidado y que tenía que ir para que me informen mejor, y cortaron. Cuando llegamos nos quisieron hacer creer que se había pegado un tiro en la cabeza en el baño con un arma calibre 22. Nadie hasta ahora pudo explicar cómo ingresó ese arma a la Comisaría. Peor aún, en un primer momento el Fiscal Fernando Epelde dijo que estaba en una campera que yo le había llevado, lo que luego se probó que era incierto. ¿Cómo le voy a pasar un arma a mi hijo?

 

Cuando pude ver el cuerpo, tenía la cara golpeada y el ojo ortopédico partido. La autopsia concluyó que Kevin murió por un disparo en la cabeza y que no había otros signos visibles de violencia, pero nunca se investigó qué sucedió realmente dentro de la Comisaría con todos los golpes que recibió que no le dejaron marcas. Hoy, a seis meses de su asesinato, 2 comisarios y 3 oficiales de la policía de Córdoba se encuentran imputados por homicidio culposo, esperando el juicio, en libertad. Lo único que espero es que paguen los que tienen que pagar, porque le quitaron la vida a un pibe de 19 años. Sólo quiero que haya un poco de justicia por mi hijo.

 

 

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