4 febrero, 2020
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“Un daño irreversible”

 

Durante diez años viví con un basural frente a mi casa. No se imaginan lo que significa, de todo: ratas, lauchas, basura podrida, olores insoportables, ¡hasta cadáveres de animales! Presentamos constantes reclamos a la Municipalidad de Rosario, pero venían a limpiarlo por encima cada veinte días y el basural seguía creciendo. Hubo un momento en el que ya no podía salir de mi casa porque la basura había llegado hasta la puerta; tampoco podía salir al patio porque no se podía respirar del hedor nauseabundo, estábamos presos por la mugre. Literal. Lo peor era la situación de mi hijo Miqueas: él nació con incapacidad funcional casi total en uno de sus pulmones; cada vez que quemaban los residuos, el humo hacía que se le cerrara el pecho y lo tenía que llevar corriendo al hospital.

 

Después de mucho organizarnos entre vecinas y vecinos para reclamar y pedir una reunión con el Distrito Sudoeste, logramos empezar a limpiar el basural: desde las oficinas, por fin, pusieron las máquinas y desde el barrio, una vez más, pusimos el cuerpo. Fue una conquista enorme porque cambió completamente la vida del barrio. Al menos ahora podemos estar afuera, los chicos pueden salir a jugar. Luchando juntos y exigiéndole al Estado que cumpla con lo que le corresponde, podemos lograr lo que nos propongamos para vivir mejor. Pero ahora falta el fondo de la cuestión, la urbanización.

 

Esto no termina acá, en lo particular, Miqueas sigue con problemas de salud. El único pulmón que funcionaba normalmente está dañado por el humo negro que aspiró por vivir frente al basural: ese daño es irreversible. Se atiende en el Hospital Provincial, que queda a más de 90 cuadras y muchas veces no tengo plata ni para pagar el colectivo, solo pasa la línea 112 y pasadas las 20hs desvía su recorrido para no pasar por nuestro barrio; una vez tuve que ir caminando. Mi hijo no puede correr, agitarse ni mojarse. El terreno donde estaba el basural es muy irregular; si llueve, mi casa se inunda inmediatamente. Antes entraba basura, ahora entra agua. Él no se puede mojar, así que cuando llueve tengo que subirlo arriba de la mesa porque hasta los colchones se mojan.

 

Esto se debe a la falta de pavimento, las calles son de tierra y las zanjas rebalsan casi siempre aumentando el agua que entra a las casas. Cuando llueve, todo se convierte en un gran pantano de barro y no podemos salir ni por urgencias. De noche mucho menos, entre los pastizales sin cortar, aparecen víboras. Los servicios son irregulares y los cortes son muy frecuentes. Ni siquiera pusieron los volquetes o contenedores y de a poco se vuelve a juntar la mugre.

 

Necesitamos la garantía de una solución real, para vivir dignamente.
Seguir así es insalubre, ¿se olvidan que somos gente?