20 marzo, 2020
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Al gran pueblo argentino, ¡salud!

 

Dentro de nuestra heterogeneidad, tan sana como cotidiana, nos enorgullecen las redes de contención y cuidados comunitarios que formamos para protegernos entre vecinas y vecinos. La cultura del ‘sálvese quien pueda’ nunca fue compatible con el barro que compartimos y los pasillos que caminamos para encontrarnos en los espacios alimentarios, esos que hoy no paran; la responsabilidad también consiste en organizarnos para repartir viandas, reforzando la higiene. Lucía Ranaldi, vecina de Los Pumitas en Rosario, lo sintetiza con simplicidad: “Es muy importante que los comedores y los merenderos sigan funcionando porque mucha gente no tiene para comer; ayer triplicamos las raciones entregadas respecto a la semana pasada porque lo necesitan quienes no pueden salir a laburar”.

 

En nuestros barrios, la mayoría vivimos con 4 a 10 personas más en un hogar, generalmente chico, inevitablemente precario. Mercedes Froilana Pistán tiene 60 años, es de Vía Diagonal Norte, Tucumán; padece neumonía, diabetes y el hacinamiento: “Soy parte de la población de riesgo y en mi casa vivimos 14 personas, incluyendo 5 niños”. De todas las familias relevadas en el país, 45% compartimos vivienda con personas dentro de los grupos de riesgo; y 20% tenemos entre 2 y 9 personas en esa situación. Mejor lo cuenta Ramona Medina, de la Villa 31: «En mi casa, un monoambiente, 5 personas somos población de riesgo. Sí o sí tenemos que hacer cuarentena y arreglarnos como podemos, mi trabajo es independiente y vivimos al día, vamos a hacer todo por sostener».

 

Viralizamos responsabilidad, pero también información: más del 40% no podemos acceder a uno o más productos básicos de higiene, como cuenta Dora Correa, del Barrio Almafuerte de La Pampa, con sus 75 años: «Tengo pañuelos y un poquito de lavandina. Fue lo que pude comprar con la plata de la jubilación, me apoyo en la asamblea para poder comer y seguir adelante en conjunto». Además, describe un sufrimiento compartido: «Calentamos agua en una olla para bañarnos. No tenemos luz en las piezas y se nos llueve todo». Sí, corremos riesgos constantes por la falta de urbanización, como en La Cariñosa, Rosario, donde un árbol rompió el techo de la casa de Brenda Enrique y tuvimos que traccionar desde la asamblea para que Defensa Civil accione en el mismo barrio donde se inunda dentro del hogar en el que vive Miqueas, un niño de dos años que nació con incapacidad funcional en uno de sus pulmones. Para peor, la humedad y el frío atraviesan las paredes y la lluvia inunda las calles que las ambulancias no suelen transitar.

 

Para acompañar las medidas de prevención,

redoblamos los cuidados y la contención.