17 abril, 2020
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«La policía de Berni al servicio de la comunidad»

 

* Por Luciano González, golpeado brutalmente por las Fuerzas de Bahía Blanca.

 

Sergio Berni estuvo hace un mes en Bahía Blanca para renovar la cúpula policial y “generar una policía de cercanía, al servicio de la comunidad”, aunque el lunes pasado fue todo lo contrario. Ayer vino de nuevo para reunirse con el intendente Héctor Gay y declaró que “la cuarentena se ha cumplido de un modo eficiente”. Yo fui golpeado salvajemente por los cuatro efectivos que hoy «están apartados hasta que se resuelva qué fue lo que pasó». Pensaba que alguien se contactaría conmigo, pero no sucedió. Pedimos las cámaras que filmaron los abusos, ¡y no andan! Por eso les cuento qué me hicieron.

 

Después de haber ido a asistir a la abuela de Vicky, mi pareja, y a lo de mi madre, que son diabéticas, volvimos a casa. Dejamos los permisos que tenemos para circular, ella agarró a nuestro perro Marcos y lo sacamos a hacer sus necesidades. A una cuadra, en Las Flores y Juan Molina, nos paró un patrullero y se bajaron los efectivos Nadia Llanes y Cristian Rodríguez del Comando de Patrullas. Nos preguntaron qué hacíamos y nos pidieron los permisos. Les dije que no los traíamos encima y expliqué que sólo habíamos sacado al perro; les recomendé que me acompañaran hasta la puerta para mostrárselos. Nos pidieron que nos metiéramos en el patrullero y les volví a decir lo mismo. Ahí el oficial me agarró del cuello, me tiró al piso y me puso su pie en la cabeza; en todo momento yo tuve las manos abiertas, nunca intenté hacer nada. Puso su rodilla sobre mi oreja, me causó mucho dolor. Comencé a gritar y a decirle que me estaba lastimando. Cuando me intenté levantar, comenzó a golpearme, me volvió a agarrar del cuello que aún tengo marcado. Vicky se desesperó, intentó sacarlo de arriba mío, él le mordió la mano y le gritó a la otra oficial: «Sacame a esta hija de puta de encima». Le empezaron a golpear la cabeza, la tiraron al piso y llegó otro patrullero. Nos subieron al móvil y nos siguieron pegando.

 

Nos llevaron a la Comisaría 2da y nos tuvieron en un patio donde hacía un frío terrible; les pedí que me viera un médico, pero me lo negaron “por la cuarentena”. Tampoco nos dejaron llamar a un abogado ni a nuestras familias. Estuvimos dos horas con las esposas puestas. Me tomaron fotos de espalda, le pregunté si no me sacaban de adelante para no mostrar cómo me habían dejado y me contestaron: “¿Querés una selfie?” En todo momento se nos reían y nos trataban mal. A las 6 de la mañana nos pidieron el número del abogado: jamás lo llamaron. Al rato nos trajeron para que firmáramos un papel donde detallaban todo el procedimiento, así nos podíamos ir; decía que yo había cometido resistencia a la autoridad y que había agredido al efectivo. Me negué a firmar y me trajeron una notificación con la cual pudimos ir escoltados por un patrullero que nos llevó hasta casa. Entré y saqué todos los permisos, se los mostré a los dos oficiales, los revisaron y finalmente, después de todo lo que nos hicieron, ¡nos pidieron disculpas!

 

Ahí fuimos al hospital; la médica nos atendió y se hizo cargo de hacer la denuncia. Me dijeron que tuve suerte, que podría haber perdido el ojo que todavía tengo comprometido. Tengo golpes en las costillas, el tabique quebrado y estoy lleno de marcas en el cuello y chichones en la cabeza. Ya radicamos la denuncia por lesiones, vejaciones y abuso de autoridad, en la UFI 2 de Bahía Blanca; interviene el Juzgado 4 de Garantías. Espero que los cuatro efectivos no vuelvan a trabajar como si nada. Todo fue abuso de autoridad y nunca garantizaron mis derechos. Lo que más me preocupa es la integridad de quienes deben salir a ganarse el mango, porque les puede pasar algo así, aunque tengan los permisos. Es una locura.

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