26 abril, 2020
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La salud (des)Borda

 

Una mañana como la de hoy, hace siete años, 400 efectivos de la Policía Metropolitana destruyeron el Taller Protegido 19 del Hospital Borda, en la Ciudad de Buenos Aires. Aún se escucha el eco de los disparos y los gases lacrimógenos, como aquellos recuerdos, nos siguen haciendo llorar. Muchos pacientes quedaron marcados emocional y físicamente, pero no fue una casualidad del día, no empezó esa mañana; la represión ya se venía planificando: “Desde que ingresó el PRO al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, habían empezado a circular maquetas y en off corrían las versiones de que esos terrenos se iban a utilizar con fines inmobiliarios”, recuerda Hernán De Arriba, Jefe de Sección en el Hospital Borda. Desde 2013, la comunidad resistió el avance contra la salud, porque “fue durísimo para la gente internada, ya que son personas con un nivel de fragilidad psíquica importante. Hubo que trabajar bastante para devolverle la tranquilidad a las personas”.

 

La represión fue borrándose del recuerdo de la sociedad porque no hubo nadie condenado: ni Macri, ni Vidal, ni Larreta pagaron por haber dejado sin espacio a quienes fabricaban muebles para otros centros de salud de la Ciudad. Nadie respondió por los actos de aquel 26 de abril de 2013: llenaron de balas de goma y gas pimienta a los profesionales de la salud y a sus pacientes, dejando 50 personas hospitalizadas: “Lo que pasó ese día nos marcó muy fuerte a toda la comunidad hospitalaria y nadie que haya estado en ese momento podrá olvidarlo”.

 

¿Y qué anda pasando en estos días? “Debido a la cuarentena, hoy al hospital sólo podemos asistir los profesionales rentados; por eso, todos los que iban ad honorem hoy no están, entonces nos faltan psicólogos, trabajadoras sociales, terapistas ocupacionales, músico-terapeutas, profesoras y profesores de educación física”. Además pensar en cuánto tiempo nos podemos contagiar, debemos tener en cuenta cómo puede afectar a quienes tienen problemáticas de salud mental, porque se necesita que “prestemos atención, demos una mano, tratemos de asistir a quienes lo necesitan y a quienes tienen una dificultad para manejar la angustia y las formas de expresarla”.

 

Imagínense qué difícil es cuando no tenés insumos para atender, cuando te faltan los medicamentos que debés recetar, cuando hay un espacio demolido, cuando contás con el personal completamente reducido, ¿cómo hacés para que no se vaya todo a la mierda? «Es una batalla permanente por recursos; cuando hay barbijos, debemos agarrar varios porque nunca sabemos cuándo dejará de haber y con los guantes pasa lo mismo. Quienes trabajamos en la salud pública sabemos que los productos que hay hoy, mañana pueden escacear. Entonces tomamos la costumbre de juntar y guardar material para el día que falte. Hacemos lo que podemos para que el virus no entre al hospital, porque sería catastrófico”. ¿Y si entrara? “En el Borda tenemos mucha gente grande o con otras patologías clínicas, respiratorias, con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, lo cual haría que la infección por Covid-19 sea aún más grave”.

 

Desde aquella mañana como la de hoy, hace 7 años, cargamos con un nudo en la garganta porque no olvidamos la impunidad con la que ordenaron disparar. Y no perdonamos que, sobreseídos, sigan ocupando el mismo lugar

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