12 junio, 2020
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Barrio San Jorge: entre el aislamiento, el hambre y la organización popular


 
Cuando ya la realidad superó a cualquiera de las ficciones apocalípticas que podríamos haber imaginado, la solidaridad contagiosa nos hace seguir siendo, aún en un «aislamiento focalizado». Si hay algo que nos infla el pecho de orgullo y nos permite flotar en esta ola sin agua que arrastra tantos problemas, es la red de contención que nos sostiene. En el barrio San Jorge, en la localidad de Don Torcuato, Partido de Tigre, estalló un brote de coronavirus que ya cuenta con 92 positivos; tres espacios alimentarios debieron suspenderse, pero como aún no llegaba la ayuda alimentaria, hubo que encontrarle otra vuelta, como cuenta Marianela, que cocina la única olla popular que sigue en pie: “Hacíamos olla los lunes, miércoles y domingos; anteayer pudimos volver a hacerla y repartimos comida para más de 100 personas. Mi tía corta las verduras y entregan mi marido, mi vecina y mi papá. Una señora donó los barbijos y mi esposo trajo guantes de su trabajo; acá gestionamos todo entre nosotras y nosotros, hasta la información acerca de qué pasó que cerraron el barrio 7 días sin decirnos nada y nos enteramos por los medios”.
 
Cada rincón puede ser un foco de contagio y sobre los mismos pasillos rueda el changuito, un delivery de humanidad ante un desinterés histórico. Ahí vive Marta, que dio positivo, al igual que su marido, su mamá, sus dos hermanas, su cuñado y su prima, que fueron derivados al centro de aislamiento El Talar, aunque ella debió quedarse porque no tenía con quién dejar a su hijo de un año y medio: “Yo estoy aislada con mi bebé; el Municipio trajo algo de comida, pero mi hermano me alcanzó bolsas de residuos y otros artículos importantes que no habían llegado. Acá nos asistimos entre la gente del barrio: cualquiera pasa y te pregunta qué necesitás. Para desinfectar, hicimos una vaquita de 100 pesos por cabeza y compramos una máquina sanitizante y el traje necesario”.
 
Yamila también está aislada y espera el resultado de su hisopado; su hermana es un caso confirmado, agravado porque es población de riesgo por ser asmática, y está internada en el Hospital Pacheco. Ella no recibe la asistencia alimenticia del Municipio de Tigre ni de la Provincia de Buenos Aires, sin embargo es contacto estrecho: «La primera noche en El Talar fue de terror porque ni había agua caliente, pero acá la cosa no está mucho mejor: a mí no me dieron el bolsón de comida porque mis hermanas no viven conmigo, aunque están contagiadas y yo las vi hace poco; únicamente le llega a los familiares de quienes dieron positivo y a quienes están en cuarentena absoluta, al resto nada. Me veo obligada a hacer una sola comida diaria y priorizo que los chicos tengan a la noche, así fue esta semana que no pude salir por los dos casos confirmados en mi familia. Nos mata la incertidumbre».
 
Mientras tanto, en los centros de aislamiento se siguen mezclando los casos sospechosos con los confirmados por la improvisación constante que agrava la propagación del virus. La prioridad son los casos positivos y los contactos estrechos; es vital hacer el seguimiento debido, además de atender las urgencias históricas y estructurales. Los barrios hacemos nuestra parte para cuidar a quienes nos cuidan, pero se necesitan garantías estatales.

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