6 junio, 2020
, Los Pumitas

Casas de las Mujeres y las Disidencias, para cuidarnos entre todas

Las mujeres y las disidencias que habitamos los barrios populares nos acompañamos para hacerle frente a la emergencia alimentaria y sanitaria que nos atraviesa. Asimismo nos vemos en la necesidad de reforzar las redes para protegernos de la violencia machista que se ha recrudecido en el último tiempo. La Casa de las Mujeres y Disidencias del barrio Los Pumitas de Rosario es una herramienta que surge desde el feminismo villero; un dispositivo de acción materializado por nuestro Frente de Géneros para dar respuesta al entramado de violencias que nos aquejan. La Casa es un espacio de contención, promoción de derechos y empoderamiento colectivo, un lugar donde podemos encontrarnos, saber cómo estamos las compañeras que lo habitamos y organizarnos para seguir.

El miércoles 3 de junio, en el marco del Ni Una Menos, fue reglamentada por el intendente de la ciudad una ordenanza para crear un Registro de las Organizaciones que acompañamos situaciones de violencia de género en la ciudad de Rosario. La misma fue propuesta por nuestro Frente de Géneros e impulsada en conjunto con el bloque de Ciudad Futura y el Frente Social y Popular, quienes presentaron el proyecto en el Concejo Municipal en el mes de mayo. Su objetivo es reforzar la red entre los recursos del Municipio y el trabajo en el territorio.

En los últimos meses, por las medidas de aislamiento obligatorio, tuvimos que modificar el funcionamiento de nuestra Casa de las Mujeres y las Disidencias, ya que dejar de acompañar las situaciones de violencia machista nunca es opción. Mantuvimos activa la guardia las 24 horas del día, los siete días de la semana. “Debemos estar todo el tiempo alertas y pendientes del celular por si se presenta una nueva situación de violencia de género, no importa si es feriado o fin de semana”, afirma Anabela Aguirre, una de las coordinadoras de la Casa.

Previo a que reabran los Centros Territoriales de Denuncias hace una semana – esos que nunca deberían haber cerrado, ya que esto sólo generó más obstáculos y desamparo – las denuncias debían hacer online en la página del Ministerio Público de la Acusación. Sin embargo, muchas de nuestras vecinas no cuentan con celulares, en la mayoría de los casos porque los propios agresores no las dejan tenerlos, y las computadoras y el internet escasean. Entonces nos organizamos para que alguna otra compañera realice la denuncia por la que no puede hacerlo, siempre y cuando ésta última esté de acuerdo y se haya decidido a hacerla. Desde ya, este no es el camino más accesible y rápido para quienes se encuentran en situación de violencia de género, corriendo riesgo de vida.

Una vez hecha la denuncia, tuvimos que fortalecer nuestras redes de seguridad, ya que la mayoría de los agresores no cumplen con la perimetral que se les dicta. Las rondas de patrullaje, el servicio policial que brinda protección al testigo, no funcionan con regularidad; hay que llamar incansables veces a la fiscalía o al Teléfono Verde para que la patrulla se acerque a la casa de la vecina en situación de violencia. El Teléfono Verde, una línea telefónica no gratuita para informar situaciones de violencia machista, es el recurso que actualmente brinda el Gobierno Municipal a través de la Secretaría de Género y Derechos Humanos.

De la totalidad de compañeras en situación de violencia machista que se acompañan desde la Casa, el 70% se encuentran desempleadas. Esto demuestra que las problemáticas de género que hace tiempo venimos enfrentando en los barrios populares son estructurales y de esa manera deben ser entendidas y abordadas; necesitamos que las políticas públicas se piensen con la perspectiva territorial que sólo las mismas villeras, desde nuestra propia experiencia, podemos aportar.

En un contexto tan difícil, haciéndole frente a las lógicas del “sálvense quien pueda”, seguimos apostando a otra construcción posible: hoy son las redes territoriales las que salvan vidas. La ordenanza reglamentada el pasado miércoles es un avance, ya que se reconocerá el trabajo que venimos haciendo en cada acompañamiento, pero lo que ahora necesitamos y demandamos es su real implementación acompañada de medidas efectivas y recursos concretos. Para salvaguardar la vida de las compañeras en los barrios también hay que cuidar a las que cuidan.

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