13 junio, 2020
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"Un poeta, un torturador y una luchadora"


 
*Por Tabita Peralta Lugones, bisnieta del escritor Leopoldo Lugones, nieta del torturador Polo e hija de la militante Pirí.
 
En todas las familias hay historias maravillosas, de héroes y de villanos. Y a mi me tocó ésta, donde había un poeta importante, un torturador y una luchadora feroz como era mi madre Pirí Lugones que, finalmente, los militares la mataron. Yo me fui de Argentina con 20 años, a una edad en la que muy pocas cosas te importan. Tardé mucho tiempo en escribir y en volver sobre mi historia, que comienza con mi bisabuelo Leopoldo Lugones. Él nació el 13 de junio de 1874, se formó siendo casi anarquista, incluso ayudó a fundar el Partido Socialista; después, con la avalancha de inmigración, empezó a hacerse cada vez más nacionalista y el nacionalismo siempre es perjudicial; se suicidó el 18 de febrero de 1938. Toda mi infancia en el colegio aprendí sobre él. En un principio no me interesó mucho como poeta; recién a mis 50 años empecé a prestarle más atención a esa faceta y al hecho de que venía de una línea de escritores. Y, de alguna manera, recuperé esa identidad.
 
Mi madre, Pirí, nunca me permitió conocer a mi abuelo Polo Lugones, así que no tuvo presencia en mi infancia. Con ella nunca tuve una conversación sobre esos temas; lo descubrí tiempo después a través de mi abuela y de muchos libros que leí sobre él. Recién en ese momento vi el horror absoluto de lo que mi abuelo significaba, las atrocidades que había cometido, como inventar la picana para torturar. En 1971 él también se suicidó y mi abuela me escribió a mano una carta de 10 páginas para contarme cómo fue su vida con él y por qué se habían divorciado.
 
Pirí fue una madre estupenda durante la primera infancia y fue muy difícil durante mi adolescencia… Era trabajadora como ella sola y, sinceramente, me sorprendió mucho que entrara a Montoneros porque ella siempre fue bastante antiperonista. Esa fue una similitud con Rodolfo Walsh. En su últimos años, cuando estaba casada con Carlos Collarini, trabajó en las villas. Estaba convencida y entusiasmada: lo hacía por la gente, fundamentalmente para ofrecerles contención a las mujeres golpeadas. Esa etapa era muy importante para ella, pero eran tres líneas en cada carta… No hay información de ese último tiempo de militancia que va desde 1973 hasta que la desaparecen en 1977. Cuando los militares se llevaron a Collarini, yo quería que ella viniera a Madrid, donde yo estaba, y le escribí; me respondió que no lo haría, que eso sería abandonar todo por lo que luchaba. Para ella fue difícil, además habían matado a Paco Urondo que era su amigo y a Rodolfo Walsh que había sido muy importante en su vida.
 
En la navidad del ‘77 ya sabíamos que estaba desaparecida porque mi hermano tenía una cita de control con ella en Buenos Aires a la que nunca llegó. Supimos sobre su destino durante el juicio grande del Nunca Más. Y hasta ese entonces, yo pensaba que seguía viva, que aparecería un día. Pirí no tenía otra manera de sobrevivir que no fuera haciendo la revolución, el mismo sentir que tenía mi padre, pero él se exilió y trabajó en Europa de otra manera. Quienes militaban en esos años tenían el ideal de la Revolución Cubana y la ideología del Che. Mi madre me enviaba cartas desde la clandestinidad, también muy triste y desesperada. La última que me mandó, decía: «Mi amor, nos van a matar a todos, pero no tenemos otra alternativa». Esa línea significaba que ya sabía su destino, pero que igual continuó hasta el final.

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