27 septiembre, 2020
, MAYOR BURATOVICH

BASTA DE IMPUNIDAD PARA LA BONAERENSE

Violencia Policial en Mayor Buratovich

Larisa Müller vive en Mayor Buratovich, en Villarino, donde vieron por última vez con vida a Facundo Astudillo Castro. El 21 de septiembre, llegó a su casa rengueando en silencio y fue directo a acostarse; estaba muy confundida, con moretones en todo el cuerpo y consternada por una noche de muchas pesadillas, como narró su mamá, Luciana Jiménez: “Mi hija no llegaba la noche anterior y empecé a buscarla por todos lados, hasta que me dijeron que la vieron mientras la subían a un patrullero. La fajaron y la arrastraron a un móvil. Cuando llegué a la Comisaría de Mayor Buratovich, nadie me contó por qué estaba demorada. Hasta que les dije que si no me explicaban iba a llamar a los abogados del caso de Facundo».

Larisa es una joven de 20 años que sobrevivió por doce horas a todo tipo de maltratos de la Policía Bonaerense. Se la llevaron porque cuando quiso volver a su casa, se confundió e intentó entrar a una vivienda del vecindario. El argumento policial es que “quiso robar”, por eso la metieron a un calabozo y la golpearon salvajemente: “No me dejaban comunicarme con ella y entonces grité: ‘Larisa, ¿estás bien?’. Me respondió desde el fondo: ‘No sé, ma, no me dejan ir al baño’”. Esa misma noche, Luciana le dejó un paquete con galletitas y ropa para que se cambie, pero nunca se lo dieron: “Cuando finalmente la llevaron al baño fue de los pelos y puteándola”. Al día siguiente, después del mediodía, la liberaron como si nada. Llegó caminando a su casa y después de descansar su mamá notó el espanto: “Cuando miré el cuerpo de mi hija, me generó mucha rabia; me ofusqué por cómo me la devolvieron. Machucones, golpes por todas partes, chichones en la cabeza y mechones de pelo que se le caían”.

Hasta hoy continúan el dolor físico y psicológico; mientras tanto, las Fuerzas de Seguridad siguen amedrentando a sus amigos, lo cual preocupa a su madre: “Son citados con falsas notificaciones para declarar, les piden testimonios muy largos a sus amigos para encontrar algo, los amenazan porque quieren cubrirse las espaldas y si no se presentan o no hablan, los arrestan durante horas. Yo no pienso callarme. Por mi seguridad y la de mi familia lo hice público, porque si la llegan a volver a encontrar en la calle, no sé qué harán con ella”.

La impunidad llena de tristeza a Luciana, quien nos contó que en Villarino hacer una denuncia es como “agarrar el papel y enterrarlo bajo tierra”. La atmósfera del pueblo es de miedo; por eso cuesta que la gente hable y repudie los casos de represión estatal: «Yo ya no creo en la Justicia de este país, perdí la esperanza. A la mayoría de los jóvenes que han metido a un calabozo les pegaron tremenda garroteada, lamentablemente es común. La Policía actúa mafiosamente en nuestro pueblo”, se indignó la madre de esta nueva víctima de la falta de control a las Fuerzas de Seguridad. Y cerró con un grito desesperante: “Se necesita justicia. Si la Bonaerense no tiene un freno, seguirá abusando de nuestros pibes”.

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